Las tan conocidas “creepypastas” son historias cortas de terror creadas y compartidas a través de internet en foros y blogs, las cuales a lo largo de los años han tomado un peso muy importante en la cultura popular. Uno de los conceptos más visitados y ampliados por las personas son los famosísimos “backrooms”, un fenómeno viral de internet que ha evolucionado en videos, juegos e historias inquietantes. Este año llegó a cines la historia que promete traer este concepto a la pantalla grande, pero ahora la pregunta es si logró verdaderamente tomar la esencia del concepto y llevarlo a un producto audiovisual de calidad.
Backrooms (dirigida por Kane Parsons) sigue a Clark (Chiwetel Ejiofor), un vendedor de muebles enojado con la vida por haber sido sacado de su casa promovido por su esposa, por lo que al estar viviendo en su tienda descubre un lugar lleno de cuartos extraños al otro lado de la pared de su sótano el cual parece no tener fin. Él, intentando no caer en la locura recurre a su psiquiátra, Mary (Renate Reinsve), pero ella no cree su historia.
Gran parte de la magia de Backrooms es el extraordinario uso de los espacios para causar esa sensación de tensión, y es lo que mejor sabe hacer la película. En una época donde gran parte del cine de terror depende de escenarios oscuros y cargados, la película encuentra el miedo en lugares aparentemente comunes, espaciosos y llenos de luz. El espectador observa espacios que, en teoría, deberían resultar familiares, pero que poco a poco revelan algo profundamente incorrecto. Esa contradicción genera una incomodidad constante que rara vez abandona la pantalla.
Por ello, el diseño de producción merece una mención especial. Cada habitación está cuidadosamente construida para transmitir desorientación y agotamiento psicológico. No se trata simplemente de recrear la imagen viral que popularizó el fenómeno, sino de expandirla y darle una identidad cinematográfica propia. Los escenarios logran sentirse infinitos sin perder detalle, reforzando la idea de que los personajes están atrapados en un lugar que existe fuera de toda lógica humana.
Lo más interesante es que Backrooms no funciona como una película de terror convencional. Kane Parsons entiende que el miedo no siempre necesita aparecer en forma de monstruos o sobresaltos repentinos. En lugar de construir la experiencia alrededor de los jumpscares, la película apuesta por algo mucho más difícil de lograr: la ansiedad. El espectador rara vez se siente seguro, incluso cuando aparentemente no está ocurriendo nada. La película juega constantemente con el miedo a perderse, al aislamiento y a la repetición infinita. Hay momentos donde la tensión proviene únicamente de observar un pasillo vacío durante varios segundos, preguntándose qué podría haber al final o qué se esconde fuera de cuadro.
Y lo más interesante de la película termina siendo eso: su director. Kane Parsons, nacido apenas en 2005 y siendo una figura reconocida en el horror digital por sus cortos en YouTube de los backrooms logró cautivar a millones de personas, por lo que la decisión de la productora de elegirlo como el director de su propia creación a pesar de su edad fue el mejor de los aciertos. Y sí, aunque en la parte de la dirección de actores se puede notar un poco la inexperiencia de Parsons en el medio, es su atmósfera la que termina por crear una de las cintas más interesantes del 2026.
Así que, si te gusta el horror incómodo y quedarte con más dudas que respuestas (porque si, backrooms no pretende darte muchas explicaciones) recomiendo que veas esta increíble cinta en la pantalla grande, pues llegó a cines este mismo fin de semana.
Nos vemos la próxima semana, pero no te preocupes que será ¡Sin Spoilers!
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