Hechos claros, comunicados confusos
La detención de uno de los implicados en el ataque contra los diputados de Movimiento Ciudadano es una señal clara de que, cuando hay decisión, coordinación y voluntad, los resultados llegan. Hubo inteligencia, seguimiento, cruce de información y un operativo quirúrgico que permitió detener a un personaje clave en la estructura criminal, aun cuando —como se ha dicho— no haya sido el autor material. Bien por las fuerzas federales y estatales: así se investiga, así se responde. Y hay otro dato que no es menor: no solo hay un detenido, los demás ya están identificados. Eso marca una diferencia enorme frente a otros casos que se pierden en el archivo muerto de la impunidad. Aquí hubo prisa, hubo foco y hubo resultados. Cuando se quiere, se puede. Pero junto con el reconocimiento aparece el ruido político. El detenido fue militante del PRI durante años y su afiliación estuvo vigente hasta agosto de 2025. Que ahora se intente matizar, acelerar el deslinde o presentar comunicados que suenan más a exculpación preventiva que a aclaración genera sospecha. No ayuda querer borrar con un boletín lo que está documentado en registros oficiales. Si ya no militaba desde esa fecha, bastaba decirlo con claridad, sin rodeos ni victimización institucional. Lo demás parece más un intento de control de daños que un ejercicio de transparencia. Y en un caso tan delicado como un atentado contra representantes populares, eso no abona. El mensaje de fondo es claro: la investigación avanza y eso se reconoce. Pero también queda claro que la política, cuando se cruza con la seguridad, no debe jugar a esconder datos ni a maquillarlos. Aquí no se trata de partidos, se trata de hechos. Y los hechos, aunque incomoden, no se tapan.
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El oportunismo no ayuda
La declaración del dirigente municipal del Partido Acción Nacional (PAN) en Culiacán no solo es desafortunada: es innecesaria y poco ética. Pretender usar un atentado armado para acomodar un discurso político, sin información sólida y en medio de una investigación en curso, es de mal gusto. No porque sean diputados, sino porque son víctimas. Y con todas las víctimas se debe tener cuidado. Hablar de “borrar contrapesos” sin pruebas, insinuar motivaciones políticas y sembrar sospechas cuando aún no se esclarecen los hechos no aporta nada. Al contrario: confunde, polariza y trivializa la violencia. Hasta ahora, el PAN ha sido el único partido que ha querido llevar agua a su molino con este caso, y eso dice más de su dirigencia que del contexto real. Lo que debería reconocerse es otra cosa: que el gobierno federal mostró que cuando se quiere, se puede. Hubo investigación, hubo detención y hay líneas claras para capturar al resto de los implicados. Eso es lo que se espera del Estado, no conferencias para lucrar políticamente con el dolor. La violencia no se combate con declaraciones grandilocuentes ni con frases para la nota. Se combate con responsabilidad, con prudencia y con resultados. Y en este caso, hablar de más fue el peor error.
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Presume incompetencia
El comunicado de la alcaldesa de Guasave no solo no responde a la tragedia: la agrava. Es un texto diseñado para deslindarse, no para asumir. No hay disculpa, no hay responsabilidad y no hay una sola línea que reconozca la negligencia elemental de haber dejado, durante meses, un socavón abierto en plena zona urbana, sin señalización ni resguardo. Invocar gestiones heredadas, drenajes obsoletos y agradecimientos al gobernador no cambia el hecho central: el riesgo era visible, conocido y evitable. Aquí no falló la historia ni la infraestructura del siglo pasado; falló un gobierno incapaz de atender lo inmediato. La omisión mató. El comunicado pretende convertir una muerte en trámite administrativo. Quiere diluir la culpa en diagnósticos técnicos y promesas futuras, cuando el presente ya cobró una vida. Eso no es liderazgo, es evasión. Por eso el enojo social es legítimo. Porque además del abandono urbano, hoy Guasave enfrenta algo peor: una autoridad que, frente a la tragedia, prefiere esconderse en un boletín antes que dar la cara. Gobernar no es explicar después. Es prevenir antes. Y aquí, ni lo uno ni lo otro.
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Mazatlán, seguridad que suma
El despliegue de seguridad anunciado para el Carnaval de Mazatlán 2026 es una señal correcta y necesaria. Planeación anticipada, coordinación entre los tres órdenes de gobierno y un operativo robusto muestran que, cuando se trata de eventos de alto impacto, sí se puede actuar con seriedad y responsabilidad. Tres mil elementos en tierra, vigilancia aérea, tecnología, control de accesos y protocolos claros no son excesos: son prevención. En celebraciones masivas no hay espacio para la improvisación, y aquí se nota un esfuerzo por generar condiciones de tranquilidad tanto para locales como para visitantes. Este tipo de operativos también manda un mensaje hacia afuera. Mazatlán vive un proceso de recuperación de confianza como destino turístico, y la seguridad es una pieza clave. No basta con playas, hoteles y espectáculos; se necesita orden, presencia institucional y capacidad de respuesta. Ahora el reto será sostener el trabajo, cuidar la coordinación y cerrar con saldo blanco. Cuando eso ocurra, también debe decirse. Porque la seguridad no solo se reclama cuando falla: se reconoce y se fortalece cuando funciona. Mazatlán lo necesita, y también lo merece.