Hay historias que no necesitan adornos porque ya vienen cargadas de verdad. Y en Sinaloa, donde una aprende desde niña que la vida se sostiene con las manos, con el cuerpo y con lo que se pueda, la historia de Chayito Valdez no sorprende: confirma lo que ya sabemos. Que la pobreza no es un paisaje, es una fuerza. Y que a veces, como en su ca...