Este miércoles, la sede europea de Naciones Unidas, ubicada en Ginebra, rindió tributo a los trabajadores humanitarios que perdieron la vida mientras desempeñaban sus funciones. La ceremonia estuvo especialmente dedicada a quienes fallecieron hace 23 años en el atentado terrorista perpetrado contra el complejo de la ONU en Bagdad, donde 22 personas murieron.
La ceremonia formó parte de las principales actividades organizadas con motivo del Día Mundial de la Asistencia Humanitaria. Como señal de respeto hacia los trabajadores fallecidos, las banderas de Naciones Unidas fueron colocadas a media asta en las sedes de la organización en Ginebra, Nueva York y otras ciudades.
En el recinto ginebrino, el homenaje tuvo lugar frente a las placas que contienen los nombres de las víctimas y junto a los restos de una de las banderas de la ONU recuperadas de los escombros después del atentado con bomba de 2003. Funcionarios de Naciones Unidas, representantes diplomáticos y familiares de los fallecidos participaron en la ceremonia, durante la cual encendieron velas y depositaron ofrendas florales.
Sergio Vieira de Mello, ciudadano brasileño que en aquel momento ocupaba el cargo de alto comisionado de Naciones Unidas para los derechos humanos y ejercía además como representante especial de la organización para Irak, estuvo entre las víctimas del ataque.
El alto comisionado de la ONU para los refugiados, el iraquí Barham Salih, recordó que había previsto reunirse con Vieira de Mello poco después del atentado: "Unos días antes habíamos programado una reunión con él para la semana siguiente. (...) Aunque por desgracia nunca tuve la oportunidad de conocerlo personalmente, sabía lo que representaba, había dedicado su vida a salvar vidas en algunos de los lugares más complicados del mundo".
Salih señaló también que las condiciones de riesgo que enfrentaron Vieira de Mello y los demás trabajadores en Bagdad continúan presentes en numerosos escenarios. "Los riesgos que afrontaron Sergio y sus colegas en Bagdad no han desaparecido. En demasiados lugares, trabajadores humanitarios siguen siendo atacados, detenidos, obstaculizados y asesinados", afirmó el responsable de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).
Por su parte, Tatiana Valovaya, directora general de la Oficina de Naciones Unidas en Ginebra, puso de relieve la magnitud de la violencia contra quienes realizan labores humanitarias. Según recordó, durante los últimos tres años fueron asesinados más de 1.010 trabajadores humanitarios, una cantidad que representa casi el triple de la registrada en los tres años anteriores.
Valovaya subrayó que la amenaza resulta especialmente grave en aquellos territorios donde la presencia de estos trabajadores es más necesaria. "Algunos de los lugares más peligrosos para ellos son precisamente aquellos donde más se les necesita: Gaza y Cisjordania, Sudán y Sudán del Sur, Ucrania o la República Democrática del Congo. No sólo merecen nuestro agradecimiento, exigen nuestra protección", afirmó.
El año pasado, además, se alcanzó un máximo histórico de víctimas entre los trabajadores humanitarios pertenecientes a Naciones Unidas y a otras organizaciones: 350 fueron asesinados, 322 resultaron heridos y 235 fueron secuestrados.
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