La alcaldesa del trending
Si de algo puede presumir la alcaldesa de Mazatlán, Estrella Palacios, es de entender perfectamente una regla básica del marketing: lo importante es que hablen… aunque sea mal. Porque mientras la ciudad enfrenta problemas reales, como la inseguridad principalmente, la respuesta no parece ser resolverlos, sino convertirlos en espectáculo. Un día se cambia el sentido de las calles “para mejorar”, al siguiente se interviene la principal zona turística con decisiones que terminan afectando más de lo que ayudan. Y ahora, como si se tratara de escenografía, aparece la pintura sobre un edificio histórico. No es restauración, es maquillaje. No es solución, es narrativa. El mensaje es claro: en Mazatlán, bajo esta lógica, lo importante no es corregir el fondo… sino cuidar la forma. Que se vea bien, que luzca distinto, que genere conversación. Aunque por dentro todo siga igual. Y en eso, hay que decirlo, la estrategia funciona. Porque si el objetivo es estar en la conversación pública, lo está logrando. Todos hablan. Todos opinan. Todos reaccionan. El problema es que gobernar no debería tratarse de tendencias… sino de resultados. Pero si de posicionamiento se trata, quizá el terreno de campaña le resulte más natural. Ahí, donde el ruido suma… aunque el fondo reste.
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Pieza en movimiento
En la ruta interna de Morena, donde los nombres empiezan a acomodarse con mayor claridad, el de Tere Guerra no aparece por casualidad. Aparece por estructura. Porque más allá del discurso, hay operación, hay control de grupo y hay conducción. Hoy, desde la JUCOPO, no solo coordina… articula. Y eso, en un momento donde la cohesión legislativa es clave, pesa. Su grupo —identificado ya como “Los Teresos”— ha mostrado algo que no siempre abunda: consistencia en las votaciones y disciplina en el mensaje. A eso se le suma un elemento que en estos tiempos no es menor: trayectoria sin sobresaltos. Un perfil que no genera ruido interno y que, hacia afuera, mantiene una narrativa alineada con el proyecto de la 4T. En paralelo, su presencia territorial —con ejercicios como los diálogos ciudadanos— refuerza una lógica que hoy se vuelve indispensable: cercanía y lectura de base. No es solo legislar… es construir narrativa en campo. Esperemos no se salga de control con las bardas y demás temas que podrían ocasionarle, lo que hoy sufre la senadora Imelda Castro. Si el escenario en Sinaloa termina marcando que sea mujer quien coordine los trabajos de la Cuarta Transformación, la competencia está clara. Y en esa ecuación, Tere Guerra no solo está en la lista… está en la conversación.
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Unidad… de discurso
En el Congreso del Estado la unidad ya es una puesta en escena. Se anuncia, se repite y se firma… pero no necesariamente se practica. Porque mientras en público se habla de “cerrar filas” y “fortalecer la institucionalidad”, en privado lo que sobra es tensión. Y no es menor: dos grupos cada vez más marcados, dos formas de operar… y un bloque —el de los llamados “Imeldos”— decidido a estirar la liga, aunque eso implique llevar el Congreso al ridículo. El episodio en tribuna no fue protesta… fue espectáculo. Cadena, cartulina y protagonismo barato. Un “show de circo” que terminó exhibiendo a Sinaloa a nivel nacional, no por debate de altura, sino por desorden interno. Y mientras eso pasaba, en la narrativa paralela ya se reparten cargos como si fueran gobierno electo. Que si uno para Secretaría de Gobierno (Pedro Lobo), que si otro para Finanzas (Serapio Vargas)… todo bajo la lógica de que su jefa ya es “la elegida”. El problema es que en política, creerse nombrado antes de tiempo suele ser el primer error. No se si esto le sume a la senadora Imelda Castro o la debilite. Pero más allá de la mofa, lo serio está en el fondo: el nivel de confrontación interna. Reuniones “PREVIAS”, donde no están todos, reclamos subidos de tono… y episodios donde incluso se cruzan líneas básicas de respeto político. Porque una cosa es debatir… y otra imponer a gritos. La decisión de no sancionar no es fortaleza. Es contención. Es apagar el incendio sin resolver lo que lo provoca. Y así, mientras el discurso insiste en unidad, la realidad muestra otra cosa: un grupo jugando a adelantarse en la sucesión… aunque en el camino desgaste al propio proyecto. Porque en política, no todos los protagonismos suman. Y algunos… terminan restando más de lo que imaginan.
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Bardas y oposición
En política, hasta las bardas hablan. Y en Sinaloa, últimamente gritan. Ahora fue la diputada panista Roxana Rubio quien decidió exhibir en redes la pinta de “Es Imelda” en Guasave, cuestionando quién ordenó esa promoción que, dice, es ilegal. Y sí, el tema da para discusión. Porque no es nuevo: antes fueron bardas con otros nombres, y el fondo es el mismo… la carrera adelantada que nadie reconoce, pero todos juegan. Pero más allá de la denuncia, hay una realidad que incomoda: esto también le da oxígeno a la oposición. Le da tema, le da discurso, le da micrófono. El problema es que no le da votos. Porque siendo francos, hoy la oposición en Sinaloa no está para capitalizar errores ajenos. Está para sobrevivir. Fragmentada, sin narrativa sólida y dependiendo de figuras aisladas que, más que estructura, representan esfuerzo individual. Si no fuera por voces como la propia Roxana Rubio o Paola Gárate, el ruido sería prácticamente nulo. Y aún así, el alcance es limitado. La paradoja es clara: Morena puede equivocarse, exhibirse o adelantarse… y aun así, la competencia no logra posicionarse como alternativa real. Porque una cosa es señalar bardas… y otra muy distinta construir proyecto. Y hoy, en el tablero político de Sinaloa, hay quienes ya están en campaña anticipada… pero también hay quienes ni siquiera han logrado entrar a la contienda.