Columnas
Columna Institucional Sin Ambages Martes 10
Por:
Redacción el
9 de marzo de 2026
Almendra contra todos
El caso de la diputada con licencia Almendra Negrete continúa escalando y, lejos de generar respaldos políticos, parece confirmar una constante que desde hace tiempo se comenta en distintos círculos de Morena: su figura provoca más fricciones que consensos. La denuncia que presentó contra una trabajadora de la Secretaría de las Mujeres por presunta violencia política en razón de género —derivada de mensajes en un chat privado de WhatsApp— abrió nuevamente el debate sobre los límites entre la protección de derechos y la libertad de expresión en conversaciones personales. Pero más allá del terreno jurídico, el episodio también ha dejado ver el aislamiento político que rodea a la legisladora. La propia titular de la Secretaría de las Mujeres, Ana Chiquete Elizalde, salió públicamente a respaldar a su colaboradora, a quien describió como una mujer trabajadora e íntegra, dejando claro que cuenta con el apoyo institucional mientras los tribunales determinan lo correspondiente. En paralelo, desde el Congreso del Estado, la presidenta de la JUCOPO, Teresa Guerra, optó por un tono conciliador al llamar a la sororidad, al diálogo y a la tolerancia entre mujeres en la vida pública, recordando además que quienes ejercen cargos deben tener la capacidad de soportar críticas y mantener cabeza fría. Sin embargo, el fondo político del asunto parece ir más allá de un simple diferendo personal. El episodio vuelve a colocar a Almendra Negrete en el centro de una controversia que, como ha ocurrido en otras ocasiones, no termina por traducirse en construcción política dentro de su propio partido. Incluso entre sectores que en teoría deberían ser su base natural de apoyo, la distancia es evidente. En política, las batallas públicas suelen medirse por los respaldos que logran convocar; cuando esos respaldos simplemente no aparecen, el mensaje también es claro. Porque si algo ha quedado en evidencia en este caso es que la diputada con licencia vuelve a generar ruido, pero no necesariamente liderazgo. Y en un movimiento como Morena —donde la operación política se mide por capacidad de sumar y no de confrontar— ese tipo de episodios terminan pesando más de lo que algunos quisieran admitir.
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El panismo no aprende
Pareciera un asunto sin importancia, pero en el fondo exhibe uno de los factores que tiene al PAN en la lona: seguir sintiéndose superiores, ‘bordados a mano’ y querer ver a la gente como Dios a los conejos, chiquitos y orejones, en una actitud de desprecio. Lo decimos a propósito de que, tras la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Culiacán, el secretario de Obras Públicas de Sinaloa, Raúl Montero, hizo una publicación en su cuenta de Facebook en la que colgó algunas imágenes del evento de inicio del nuevo Hospital de Especialidades del IMSS, donde se observaba a la presidenta junto al gobernador, al público y al funcionario con colegas del Gabinete Estatal, en donde destacaba la coordinación para fortalecer acciones que priorizan el bienestar, la salud y el desarrollo. Hasta ahí todo bien, pero entre los comentarios apareció uno de la actual dirigente de Mujeres en Acción del PAN en Sinaloa, Blanca Borbolla quien le reclamó a Raúl Montero que después de ser “mi admirado sub delegado de Sedesol”, hoy le da tristeza verlo “enredado con esta gentuza”. Nos la imaginamos con un peinado tipo Doña Florinda. El asunto es que el funcionario estatal no se la guardó y en la misma publicación le respondió: “Qué curioso Blanca, siempre pensé que el servicio público nos enseñaba a valorar a todas las personas por igual, sin etiquetas”. Cachetada con guante blanco y una lección que deberían aprender quienes aspiran a conquistar el poder sin ofender y con empatía con la gente, aunque les dé urticaria.
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Bienpesca en territorio
El programa Bienpesca volvió a poner sobre la mesa algo que muchas veces se pierde en el discurso político: cuando los apoyos llegan directamente a quienes viven del mar, el impacto se siente de inmediato en las comunidades. En Sinaloa, más de 32 mil pescadores recibirán este respaldo impulsado por el Gobierno de México, con una dispersión superior a 382 millones de pesos, una cifra que habla del peso que tiene el sector pesquero en la economía y en la vida social de las zonas costeras y ribereñas. En ese proceso ha tenido un papel clave el delegado de Programas para el Bienestar en el estado, Ángel Ulises Piña, quien ha mantenido el despliegue territorial del programa para garantizar que los apoyos lleguen directamente a los beneficiarios. La entrega de tarjetas en Cospita, en la sindicatura de Baila, es parte de ese esfuerzo que busca mantener presencia en las comunidades y no solo en los escritorios. En el evento también participó el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil, quien ha venido acompañando este tipo de programas federales mientras mantiene presencia en la zona rural del municipio. No es menor: comunidades como Chiqueritos, Canachi, Jacola, Cospita y Nicolás Bravo forman parte de un corredor productivo donde el apoyo a la pesca y las obras básicas terminan caminando de la mano. Porque al final, más allá de discursos, cuando el apoyo llega a quienes viven de la actividad pesquera —y llega sin intermediarios— la política pública empieza a cumplir su verdadero propósito. Y en regiones como el sur de Culiacán, ese tipo de acciones no pasan desapercibidas.
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Más mujeres, más futuro
Un dato revelador dentro de la Universidad Autónoma de Sinaloa es que el 54 por ciento de su comunidad estudiantil está integrada por mujeres, una cifra que refleja la transformación que vive la educación superior en el estado. El rector Jesús Madueña Molina destacó este crecimiento durante una actividad en el marco del Día Internacional de la Mujer, subrayando no solo la presencia femenina en las aulas, sino también el avance que han tenido en espacios de investigación, docencia y liderazgo administrativo dentro de la institución. La realidad universitaria muestra cada vez con mayor claridad que la participación de las mujeres no es solo una cuestión de números, sino de influencia en la construcción académica y social de la Universidad. En carreras científicas, humanistas y profesionales, su presencia se ha fortalecido y con ello también el papel que desempeñan en la vida pública del estado. En un contexto donde la igualdad de oportunidades sigue siendo un reto en distintos ámbitos, que la máxima casa de estudios de Sinaloa registre una mayoría femenina en su matrícula es una señal clara de los cambios generacionales que vienen. Más mujeres formándose, investigando y liderando significa también una sociedad que se prepara para ser más plural, más equitativa y con una visión más amplia de futuro.
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