Asamblea… grilla o desastre
Los eventos no solo se anuncian… se sostienen. Y lo ocurrido en la asamblea de la senadora Imelda Castro con la presencia del polémico senador de Gerardo Fernández Noroña, terminó siendo una postal incómoda: exceso de grilla, mala operación y un grupo que, lejos de sumar, empieza a restar. Porque ahí estaba el bloque completo. El llamado grupo de “los Imeldos”: los diputados locales Pedro Lobo y Guadalupe Santana Palma; la mil veces diputada federal Merary Villegas; el diputado federal del PT, Fernando García; la ex morenista Victoria Sánchez; Horacio Lora, exsubsecretario de Educación… y, de forma particularmente delicada, María Inés Pérez Corral, funcionaria en activo del Gobierno del Estado. Todos. Alineados. Presentes. Y aún así… el evento se les fue de las manos. Lo que debía ser una asamblea informativa —de esas que buscan cercanía y control narrativo— terminó en empujones, gritos y desorden. Pero más allá del zafarrancho, lo que quedó fue la imagen: rostros tensos, incomodidad evidente, operadores rebasados. Nadie supo contener. Y ahí es donde empieza el problema real. Porque sí, hubo irrupción. Sí, había consigna. Y sí, todo apunta a que hubo mano negra. De esas que no se firman, pero que se mueven… y que últimamente ha brincado demasiado entre secretarias. Estrategias que creen que polarizando se gana más, cuando en realidad —mal ejecutadas— terminan exhibiendo a todos. Pero tampoco se puede tapar el sol con un dedo. Cuando un evento se revienta con tanta facilidad, no solo habla de quien llega a provocar… habla, sobre todo, de quien no tuvo la capacidad de prever, contener y resolver. Y eso, en política, es operación básica. Noroña hizo lo que sabe: confrontar, encender, y tensar el ambiente. Es su estilo. El problema es que ese estilo, sin estructura sólida detrás, no ordena… solo desborda. Y mientras tanto, el grupo que acompaña —ese que presume músculo— da otra señal: la de buscar respaldo en lo más confrontativo, en lo más estridente, incluso en lo más desgastado de la política. Como si eso fuera suficiente para construir. Pero, no lo es. Porque al final, lo que debía ser posicionamiento terminó siendo desgaste. Y lo que buscaba sumar, terminó evidenciando fisuras. Lástima. Porque mientras unos juegan a reventar eventos… y otros ni siquiera logran sostenerlos, la agenda real —la que importa— sigue esperando. No controlaron el evento… ni menos el mensaje. Y eso, en política, es perder dos veces.
*********
La eterna diputada
En política hay trayectorias… y quienes hacen del sistema su modo de vida. Y si algo quedó claro en el entorno de la senadora Imelda Castro es que hay perfiles que ya no compiten… se reciclan. Ahí estaban: exsecretarios desplazados, los que ya pasaron por el gabinete y hoy buscan nueva silla; reciclados que siguen “a fuerza” dentro del aparato; los que cambian de camiseta sin cambiar de lógica. Todos alineados. Todos sonrientes. Todos… otra vez. Un bloque que se acomoda donde hay espacio. Y cuya lectura empieza a ser evidente: más que proyecto, es reposicionamiento. Más que suma, es movimiento interno. Porque aunque nadie lo diga en voz alta, el trazo apunta en sentido contrario al del gobernador Rubén Rocha, osea los enemigos internos de la 4T en Sinaloa. Pero en medio de ese acomodo hay una figura que no pasa desapercibida: Merary Villegas. La eterna diputada. Desde 2016, sin interrupciones: una diputación local y tres federales consecutivas. Diez años viviendo del erario. Diez años perfeccionando una especialidad que no todos dominan: permanecer. Y justo ahí viene lo interesante. Porque mientras el discurso habla de transformación, de principios y ahora —incluso— de ponerle freno a la reelección a partir de 2027, hay perfiles que ya hicieron de esa figura su ruta política. No como excepción… como método. Merary Villegas no solo ha sido beneficiaria del esquema: lo ha convertido en trayectoria. Y hoy, con aspiraciones que ya apuntan a la alcaldía de Culiacán, el discurso se ajusta… según convenga. Principios, pero con calendario. En ese mismo bloque aparecen otros perfiles que tampoco pasan desapercibidos, como el diputado local Pedro Villegas Lobo, que suma ya tres legislaturas y cuya presencia ha sido más constante que su aporte político… con episodios que lo han colocado en la conversación pública por razones distintas a la agenda legislativa, si no por unos videos sexuales en las instalaciones del congreso. Y así, pieza por pieza. También figura María Inés Pérez Corral —operadora constante, y de trabajo reconocido— pero que tampoco llega por casualidad. Porque aquí no hay improvisación: hay acomodos. Espacios marcados. Posiciones anticipadas… como si el reparto ya estuviera avanzado. Aunque en política, los aliados duran lo que dura la coyuntura. Y mientras eso ocurre, el mensaje es inevitable: los mismos de siempre, moviéndose entre ellos, hablando de renovación… mientras administran permanencia. Hablan de no reelegirse… después de haber vivido de hacerlo.
********
Serapio: Salud y grilla
Hay señales que el cuerpo manda… y otras que la política provoca. Y lo que ocurre con el diputado Serapio Vargas no es menor. Un problema de salud —un infarto que lo llevó al hospital— en medio de una crisis que él mismo ayudó a construir: el caos en el ingenio de Eldorado. Porque mientras se hablaba de rescate, de visión social y de “salvar” la industria, la realidad terminó alcanzando: trabajadores sin pago, prestaciones incumplidas y un conflicto que estalló en la puerta. Y ahí es donde el contraste pesa. Porque aún con su estado de salud, Serapio sigue siendo el mismo: más mediático que operador. Más declaración que solución. Más presencia que resultado. Su estilo no cambia, incluso cuando el escenario exige otra cosa. Porque una cosa es encabezar causas… y otra muy distinta es resolverlas. Hoy, el ingenio no necesita discursos, necesita pagos. No necesita narrativa, necesita orden. Y en ese terreno —el de la operación real— es donde el diputado vuelve a quedar a deber. Porque al final, la política no se mide por el ruido que genera… sino por los problemas que logra apagar. Porque cuando el protagonismo rebasa a la responsabilidad, pasan estas cosas. El ingenio sigue en conflicto, los trabajadores siguen esperando y la incertidumbre crece. Y aunque el discurso insista en el rescate, lo cierto es que la operación no aparece. Serapio no solo enfrenta un tema de salud… enfrenta un tema de credibilidad. Porque en política, prometer es fácil… cumplir es lo que realmente sostiene.
*********
30 años… y seguimos
Hay momentos para la crítica… y momentos para reconocer. Y hoy es uno de ellos. Treinta años no se construyen solos. Son tres décadas de constancia, de decisiones, de sostener una línea y de entender que el periodismo no es solo informar, es asumir una responsabilidad frente a la sociedad. En ese camino, pocos —muy pocos— se tomaron el tiempo de voltear, de felicitar, de reconocer. Y a ellos, el agradecimiento es directo. Porque Adiscusión no es solo un medio, es una escuela, es un espacio que ha formado, impulsado y abierto puertas. Muchos de los que hoy destacan en radio, televisión, prensa o a nivel nacional, pasaron por aquí. Y eso, más que discurso, es trayectoria. Es huella. Es parte de lo que se ha construido a lo largo del tiempo. También es momento de decirlo con claridad: el evento programado para este 30 aniversario tendrá que esperar. No por falta de voluntad, sino porque el contexto no lo permite. Hay prioridades, hay momentos… y este exige responsabilidad. Habrá tiempo para reconocer, para reunir, para celebrar como se debe. Mientras tanto, el compromiso sigue intacto. Informar con claridad, aportar al gremio, acompañar a Sinaloa en momentos complejos —que sí, son complicados, pero no imposibles— y seguir avanzando. Porque al final, más allá de las fechas, lo que sostiene a un medio es su convicción. Y esa, después de 30 años… sigue firme.