Partido naranja sin lealtad
Las declaraciones del alcalde de Elota, Richard Millán Vázquez, terminaron exhibiendo algo mucho más delicado que una simple diferencia interna en Movimiento Ciudadano. Porque cuando un presidente municipal emanado de sus propias filas reconoce públicamente que ni siquiera fue invitado a la visita del dirigente nacional Jorge Álvarez Máynez a Sinaloa, el problema deja de ser político… y comienza a parecer un asunto de desdén, soberbia y abandono interno. Y peor aún cuando el propio alcalde lanza una frase que retrata perfectamente el ambiente dentro del partido naranja: “El que llega saluda”. Directa. Fría. Y con destinatario claro hacia la nueva dirigencia estatal encabezada por Sergio “El Pío” Esquer. Porque según Richard Millán, nadie del partido se ha acercado a él después de que Movimiento Ciudadano decidiera deslindarse políticamente tras sus declaraciones de respaldo al gobernador con licencia Rubén Rocha Moya. Pero el fondo del asunto es todavía más profundo. Lo ocurrido también revive la manera en que MC terminó relegando a Sergio Torres Félix apenas después del atentado que sufrió y mientras todavía se encontraba en recuperación. Un dirigente que, guste o no, fue quien realmente construyó presencia política y estructura para Movimiento Ciudadano en Sinaloa. Antes de Sergio Torres, MC simplemente era testimonial en el estado. Con él lograron una alcaldía, regidores, presencia mediática, operación territorial y competitividad electoral. Y aun así, terminó prácticamente dejado a la deriva. Porque una cosa es venderse como “la nueva política”… y otra muy distinta actuar exactamente igual —o peor— que los partidos que tanto critican. En Movimiento Ciudadano parecen haber olvidado algo básico: la lealtad política también construye credibilidad. Y cuando un partido abandona, ignora o desecha públicamente a quienes le dieron crecimiento y resultados, el mensaje hacia afuera termina siendo brutal. Si así tratan a quienes les construyeron el partido en Sinaloa… entonces quizá el verdadero problema no sea quién se deslinda de quién, sino quién puede confiar realmente en ellos.
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Denunciar con pruebas
Las acusaciones lanzadas por integrantes de la CANADEVI contra funcionarios de la SEBIDES son delicadas y evidentemente deben tomarse con seriedad. Nadie puede minimizar señalamientos relacionados con presuntos actos de corrupción o supuestos cobros ilegales dentro de una dependencia pública. Pero también hay algo que no puede perderse entre el ruido mediático: acusar públicamente también obliga a presentar pruebas. Porque en tiempos donde cualquier declaración se convierte automáticamente en titular, tendencia o condena pública, resulta muy sencillo señalar, exhibir y generar desgaste político sin que exista todavía una denuncia formal, documentos, grabaciones, nombres o elementos concretos que permitan investigar y sancionar responsables. Y eso también termina siendo peligroso. La postura del secretario Omar López Campos fue clara: si existen funcionarios pidiendo dinero, que se denuncie formalmente y con pruebas para actuar. Y en eso tiene razón. Porque una cosa es exigir transparencia y otra convertir la sospecha en sentencia mediática automática. Aquí no se trata de defender a ultranza a ningún funcionario ni tampoco de atacar por atacar. Se trata de algo mucho más simple: si hubo corrupción, que se investigue y se castigue; pero si se va a señalar públicamente a una institución completa, entonces también debe existir la responsabilidad de sostener las acusaciones con hechos verificables. De lo contrario, se corre el riesgo de normalizar una práctica igual de dañina: usar declaraciones públicas como mecanismo de presión, desgaste o golpeteo político sin necesidad de demostrar nada. Y eso tampoco ayuda ni a la confianza institucional ni al clima económico que tanto dicen querer proteger.
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Mazatlán sigue respondiendo
En medio de un contexto nacional donde muchos destinos turísticos siguen batallando para recuperar ritmo, inversión y confianza, Mazatlán continúa enviando señales importantes de fortaleza económica y turística. Los números del fin de semana por el Día del Maestro no son menores: más de 152 mil visitantes, una ocupación hotelera del 84 por ciento y una derrama económica superior a los 639 millones de pesos solamente en el puerto. Y aunque para algunos resulte más rentable instalar permanentemente narrativas negativas sobre Sinaloa, la realidad vuelve a demostrar que el estado sigue teniendo capacidad de movimiento, atracción turística y actividad económica. Porque detrás de cada cifra no solamente hay hoteles llenos. También hay restaurantes trabajando, transporte moviéndose, comercios vendiendo y miles de familias dependiendo de que el turismo siga funcionando. Ahí también merece reconocimiento el trabajo que viene realizando la secretaria de Turismo, Mireya Sosa Osuna, quien ha mantenido una agenda constante de promoción, coordinación y presencia institucional en momentos donde sostener la confianza turística no era tarea sencilla. Porque promover Sinaloa en medio de contextos complejos requiere no solamente estrategia, sino también capacidad para generar certidumbre y mantener activo uno de los motores económicos más importantes del estado. Y los resultados comienzan a reflejarlo. Más de 300 mil visitantes en todo Sinaloa durante el fin de semana y una derrama superior a los 874 millones de pesos no ocurren por casualidad. Ocurren cuando existe trabajo coordinado, promoción permanente y un sector turístico que, pese a las dificultades, sigue apostando por mantenerse de pie. Porque mientras algunos insisten en vender la idea de un estado detenido, la realidad económica de destinos como Mazatlán sigue diciendo exactamente lo contrario.
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Ayudar a quienes ayudan
En medio de tanta confrontación y crisis diaria, a veces también vale la pena detenerse un momento para reconocer a quienes llevan años sosteniendo una de las labores más humanas y necesarias de Sinaloa: la Cruz Roja. Porque mientras muchos discuten en redes o convierten todo en pleito político, hay paramédicos, rescatistas, médicos y voluntarios que siguen saliendo todos los días a atender accidentes, emergencias, tragedias y vidas que literalmente dependen de llegar unos minutos antes. Por eso no es menor que la Cruz Roja en Sinaloa ya haya superado el 90 por ciento de su meta anual de colecta. Habla de solidaridad, pero también de una realidad que pocas veces se dimensiona correctamente: incluso alcanzando la meta de 50 millones de pesos, eso apenas representa el 25 por ciento de lo que la institución necesita para operar al cien por ciento durante todo el año. Es decir, la Cruz Roja sigue funcionando gracias a una combinación de colectas, actividades, donativos y esfuerzo permanente para mantener ambulancias, combustible, equipo médico, personal y capacidad de respuesta. Y en un estado donde los accidentes, emergencias médicas y situaciones de riesgo son parte cotidiana de la realidad, debilitar a una institución así simplemente no es opción. Ahí está otro dato importante: actualmente operan alrededor de 100 ambulancias en Sinaloa y vienen 15 unidades más, aunque varias deberán salir de circulación por desgaste y vida útil agotada. Traducido a términos reales: ayudar a Cruz Roja no es donar para “tener más”, sino para evitar quedarse con menos capacidad de respuesta cuando más se necesita. Porque el día que alguien ocupa una ambulancia, un rescate o atención urgente, deja de importar la política, los partidos o las discusiones públicas. En esos momentos, lo único que importa es que alguien llegue a tiempo. Y normalmente, quienes llegan primero… son ellos.