¿Y qué esperaba?
Casi 100 mujeres asesinadas en Sinaloa en lo que va del año y todavía hay quien se da el lujo de revictimizarlas. La diputada morenista Rosario Sarabia Soto primero soltó que las mujeres asesinadas en Escuinapa formaban parte de “grupos delincuenciales” y que sus casos no eran feminicidios; después vino la disculpa, porque su expresión, dijo, pudo causar indignación.¿Pudo? ¿Y qué esperaba, aplausos? El problema no es solamente que una legisladora tenga una opinión equivocada sobre un expediente; el problema es la ligereza con la que desde el poder se pretende explicar la muerte violenta de mujeres, como si saber o suponer a qué se dedicaban fuera suficiente para justificar el crimen o restarle gravedad. Y justo cuando el discurso oficial debería ser de prevención, protección y cero revictimización, una representante popular termina haciendo exactamente lo contrario. En Sinaloa ya son demasiadas mujeres asesinadas como para que desde el Congreso se siga jugando a repartir culpas entre las víctimas. Lo mínimo que se espera de una diputada es prudencia; lo indispensable, respeto. Así sería el jalón de orejas que le dieron que se disculpó… pero eso no borra su ofensa.
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Entonces ¿para qué?
Hablando del triste tema de feminicidios, hay frases que terminan diciendo mucho más de lo que quien las pronuncia pretendía. Y la de la senadora Ana Chiquete Elizalde —“Semujeres no puede sola”— merece una lectura política. Porque Chiquete no habla como una observadora cualquiera: fue secretaria de las Mujeres, precisamente de la dependencia creada por este gobierno con la promesa de fortalecer las políticas de prevención, atención y protección de las mujeres. Hoy, con Sinaloa acercándose a las 100 mujeres asesinadas en 2026, decir que Semujeres “no puede sola” es reconocer que el problema rebasa ampliamente a una Secretaría. Eso es cierto. La violencia contra las mujeres exige coordinación con seguridad, salud, educación, Fiscalía, municipios y Poder Judicial. Pero también deja una pregunta que puede resultar sumamente incómoda: si Semujeres no puede sola, ¿qué tanto ha podido acompañada? Porque una cosa es reconocer que el problema es multifactorial y otra convertir esa explicación en una coartada institucional. La Secretaría no puede investigar homicidios ni sustituir a las corporaciones de seguridad, pero sí debería poder articular prevención, detectar riesgos, acompañar víctimas y empujar políticas públicas eficaces. Ser fedataria de feminicidios no sirve de mucho. Y cuando el número de mujeres asesinadas sigue creciendo, la discusión ya no debería ser quién tiene la culpa de que Semujeres no pueda sola, sino qué está fallando en todo el aparato que supuestamente debía impedir que llegáramos hasta aquí.
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Urge sesionar y prevenir
Aunque el huracán “Polo” todavía está lejos de Sinaloa y su trayectoria puede cambiar, lo que no debería cambiar es la obligación de las autoridades de prevenir. Hasta ahora no hemos visto que sesione el Consejo Estatal de Protección Civil y sería deseable que no esperen a que el agua les llegue al cuello para empezar a organizarse. Porque si una lluviecita de esas que apenas alcanzan para mojar la calle deja sin luz y sin agua a amplios sectores de los municipios, vale la pena imaginar lo que podría ocurrir con lluvias intensas, vientos fuertes, inundaciones y deslaves. Aquí no se trata de alarmar a nadie ni de hacerle al adivino con la trayectoria de Polo. Se trata de algo mucho más sencillo que es informar, prevenir y demostrar que hay un gobierno preparado para responder antes de que llegue la emergencia, no después. La población necesita saber qué hacer, dónde acudir y, sobre todo, tener la certeza de que las autoridades ya están trabajando. Porque en protección civil hay una regla que nunca debería olvidarse: prevenir cuesta mucho menos que improvisar.
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Palenque: cuentas pendientes
La Feria Ganadera puede ser una tradición, un espacio para el sector y hasta un respiro para muchas familias. Pero el Palenque es otra cosa: concentra multitudes, dinero, artistas y una exigencia de seguridad que hoy no puede resolverse con anuncios optimistas ni con una cartelera atractiva. Las circunstancias todavía no están para actuar como si en Sinaloa todo hubiera vuelto a la normalidad. La propia Gobernadora ha sido clara al señalar que la realización de eventos de esta naturaleza depende de las condiciones de seguridad y de la evaluación de las autoridades. Esa cautela debería ser el punto de partida, no el último trámite. No basta con abrir puertas; hay que garantizar que la gente pueda entrar, salir y disfrutar sin miedo. Y hay otra deuda que no se puede barrer debajo de la alfombra. En 2024 hubo asistentes que se quedaron esperando la devolución o respuesta por boletos adquiridos para un Palenque que no se concretó. Después hubo cambios de nombres, pausas y nuevas promesas, pero para el público la pregunta sigue siendo sencilla: ¿quién responde por lo pendiente? Antes de vender una nueva noche de fiesta, deben aclararse las cuentas de la anterior. La administración “puede” cambiar de rostro, pero aún es la misma; la responsabilidad no.