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Columna Institucional Sin Ambages Viernes 26
“El poder se conquista con discursos; gobernar se demuestra en las crisis”
Por:
Redacción el
26 de junio de 2026
Sinaloa, el reto de gobernar
En medio de una crisis de violencia prolongada, gobernar Sinaloa dejó de ser una disputa de colores, siglas o grupos políticos. La sucesión de 2027 no se trata únicamente de quién llegue, sino de quién pueda sostener el peso de un estado que no termina de atravesar por una compleja confrontación criminal. Lo que viene no es una “barda bajita” para improvisados ni para quienes buscan el poder por ambición o cálculo político, ni por aquellos o aquellas que se crean merecedores sin demostrar antes capacidad; es una prueba de liderazgo real. Porque heredar el mando tras Rubén Rocha Moya significará administrar mucho más que un gobierno: significará enfrentar una de las etapas más complejas de la historia reciente de Sinaloa. Los partidos empiezan ya a perfilar quiénes serán sus propuestas, pero la última palabra la tendrán en un año más los ciudadanos.
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Siempre sí
Finalmente la alcaldesa de Mazatlán, Estrella Palacios Domínguez, se separó del cargo para estar en condiciones de registrarse como aspirante a la Coordinación Estatal de la Defensa de la Transformación. Aquí lo habíamos anticipado en este espacio cuando, hace apenas unos días, ante los cuestionamientos sobre los rumores de su salida, optó por no cerrar la puerta de manera clara ni contundente y dejó más dudas que certezas. Ya se fue y ahora la pregunta es inevitable: ¿realmente le alcanzará su capital político? Su fuerza parecía concentrarse principalmente en el puerto, con una proyección estatal todavía limitada y una administración que, a lo largo de casi dos años, dejó más claroscuros que momentos sobresalientes. Aunque, desde luego, algo debió ver su grupo político para impulsarla a una competencia de esta magnitud aunque para ser honestos tenemos la impresión de que en Mármol ya nadie la conoce, imagínese si la ubican en Choix o El Fuerte. Lo cierto es que el tablero comienza a tomar forma. Imelda Castro, Teresa Guerra y Graciela Domínguez ya no estarán solas en una contienda que, en los hechos, perfila la ruta hacia la candidatura de Morena al Gobierno de Sinaloa. Del lado de los hombres aparecen nombres como Jesús Ibarra, Ricardo Madrid, Fernando García y tampoco sería prudente descartar a Gerardo Vargas. ¿Habrá sorpresas en los registros de este sábado 27? En política, y más en tiempos de sucesiones adelantadas, ningún escenario puede darse por cerrado.
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Entumida oposición
En Sinaloa, donde la oposición pareció agarrar aire y hasta recuperar la voz tras la solicitud de licencia del gobernador Rubén Rocha Moya, todo indica que el impulso duró poco. La efervescencia se apagó y nuevamente parece instalada en una cómoda inercia. De cara a la contienda de 2027 el panorama opositor luce limitado, más aún cuando no se vislumbra una alianza amplia: ni el PAN ni Movimiento Ciudadano parecen dispuestos a caminar de la mano con el PRI. En Acción Nacional ya levantaron la mano Roxana Rubio y Jesús Estrada, ambos con red de protección por si la candidatura al Gobierno del Estado no llega y, por si acaso, también apuntados para Culiacán. En Movimiento Ciudadano el escenario parece todavía más estrecho: aparece el dirigente Sergio Esquer Peiro, un buen hombre, pero nada más. Y en el PRI la baraja parece reducirse a dos nombres: Mario Zamora y Paloma Sánchez. Y el PAS… existe aún y es ganancia. Por eso Morena, pese a los costos políticos y las adversidades que enfrenta, sigue observando el escenario con relativa tranquilidad. No porque tenga el camino despejado, sino porque enfrente la competencia todavía luce desarticulada y sin músculo suficiente. La realidad es dura para la oposición: nadie parece haberse preocupado por construir liderazgos nuevos ni por hacer crecer verdaderamente la caballada.
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Coraje y dolor
La violencia en Sinaloa sigue mostrando sus rostros más preocupantes y dolorosos. Por un lado, la detención de un ex jefe policiaco en Escuinapa señalado de brindar protección a un líder criminal —también capturado por fuerzas federales— vuelve a exhibir una herida que lastima profundamente: cuando quienes deberían proteger a la ciudadanía terminan del otro lado, la confianza institucional se fractura. Eso genera coraje y frustración social. Y por otro, cada vez resulta más desolador ver cómo menores de edad aparecen entre las víctimas, ya sea como blancos directos o daños colaterales de una guerra que no les pertenece. Cuando la violencia alcanza a quienes apenas comienzan a vivir, el problema deja de medirse solo en estadísticas y se convierte en una tragedia social de dimensiones mucho más profundas. Eso duele.
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