Culiacán, Sinaloa.- La caries temprana infantil continúa siendo uno de los principales problemas de salud bucal entre la población infantil en edad escolar.
De acuerdo con la odontopediatra e investigadora de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Seyla Sarmiento Hernández, alrededor del 85 por ciento de los niños presenta esta enfermedad, cuya evolución puede afectar no solo la dentadura, sino también la alimentación, el desarrollo físico y la interacción social durante la infancia.
La especialista explicó que la aparición de caries responde a diversos factores, aunque uno de los más relevantes es el consumo de azúcares añadidos desde edades tempranas.
Señaló que productos como galletas, jugos, yogures y otros alimentos endulzados forman parte de la dieta de muchos menores antes de los dos años, pese a que organismos internacionales de salud recomiendan evitar este tipo de ingredientes durante esa etapa.
El impacto de la enfermedad trasciende el ámbito odontológico. Cuando las lesiones avanzan, el dolor dificulta la masticación de alimentos como carnes, frutas y verduras, lo que lleva a muchos niños a rechazar alimentos nutritivos y optar por dietas blandas o procesadas.
Esta situación puede derivar en deficiencias nutricionales que interfieren con el crecimiento y el desarrollo durante una etapa fundamental de la infancia.
La pérdida prematura de dientes temporales también representa consecuencias funcionales. La ausencia de estas piezas puede alterar la pronunciación de determinados sonidos, generando dificultades en el habla que repercuten en la comunicación cotidiana y en la integración escolar.
Estas condiciones pueden influir en la seguridad personal y en la participación de los menores dentro de su entorno educativo.
Frente a este panorama, la especialista subrayó la importancia de abandonar la idea de que los dientes de leche requieren menor atención por tratarse de piezas temporales.
Indicó que su conservación resulta indispensable para el adecuado desarrollo de la cavidad oral y para prevenir complicaciones que pueden extenderse hasta la dentición permanente.
La prevención, afirmó, comienza desde los primeros meses de vida mediante hábitos básicos de higiene. Entre las medidas recomendadas se encuentra la limpieza de las encías después de la alimentación en los bebés y el inicio del cepillado con pasta dental fluorada una vez que aparecen los primeros dientes.
Asimismo, destacó que la primera valoración por un odontopediatra debe realizarse antes del primer año de edad, con el objetivo de detectar oportunamente cualquier alteración y fortalecer las prácticas preventivas en el hogar.
La advertencia pone de relieve la necesidad de reforzar la educación en salud bucal desde la infancia, promoviendo hábitos de higiene y alimentación que contribuyan a disminuir la incidencia de una enfermedad que, pese a ser prevenible, mantiene una alta presencia entre la población infantil.
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