Llegó el felicianismo
Los seis cambios en el Gobierno del Estado no parecen movimientos aislados: llegan perfiles plenamente identificados con Feliciano Castro Meléndrez y, con ellos, el exsecretario gana espacio e influencia dentro de la administración. Pero la jugada va más allá del gabinete: también va por Morena en Sinaloa. Todo apunta a fortalecer su presencia y a disputar la conducción política del partido en Sinaloa, así como los espacios desde los que se toman sus decisiones. La vieja guardia morenista y el grupo cercano al Gobernador Rubén Rocha harían bien en leer las señales. Cuando un mismo equipo ocupa varias posiciones, no solo se reorganiza el gobierno: también se construye poder para lo que viene. Y la disputa también puede trasladarse a la estructura partidista, donde se define quién gana voz, quién conserva terreno y quién queda al margen. En Morena, además, los agravios y las cuentas pendientes nunca están del todo fuera de la política. La pregunta es si estos nombramientos buscan sumar fuerzas o desplazar a quienes hoy ocupan espacios. Por lo pronto, el felicianismo ya entró al tablero y su siguiente objetivo parece claro: ganar terreno dentro del partido. Ahora habrá que ver quiénes se quedan y quiénes empiezan a perderlo.
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Tony Castañeda se va
Tony Castañeda deja la Comisión de Vivienda del Estado. La renuncia la había presentado desde hace varias semanas, pero su salida se hizo oficial este miércoles 30 de septiembre. ¿A dónde va? A lo que conoce y le gusta: la política. Castañeda se incorporará al trabajo del Partido Verde en Sinaloa, con especial atención en la capital, donde el partido busca fortalecer su presencia. Su nueva encomienda será bajo la conducción de Ricardo Madrid, dirigente estatal del Verde. Así, Tony deja atrás la gestión de vivienda para regresar de lleno a la operación política. La salida ya es oficial; su siguiente movimiento también está definido. Es una primicia: Tony Castañeda se va del Gobierno del Estado y su destino es el Partido Verde.
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Que no se cuelguen
Ahora que Morena empieza a destapar a sus “corcholatas” rumbo a las diputaciones y alcaldías, Imelda Castro puso sobre la mesa una frase que seguramente a más de uno le va a incomodar: “Hay que aportarle a la marca Morena y no hay que colgarse de ella”. Y vaya que hay aspirantes que deberían tomar nota, porque en la política partidista abundan quienes llegan con más ambición que capital propio y pretenden que la marca haga todo el trabajo. La coordinadora estatal dice que las encuestas deben medir no solamente conocimiento, sino preferencia, negativos y otros atributos. Veremos entonces si el método termina premiando a quienes realmente tienen trabajo territorial o, como suele ocurrir, a quienes mejor aprendieron a colgarse de la ola guinda. Una cosa es traer la camiseta de Morena y otra muy distinta tener con qué llenarla. Y si la propia Imelda dice que designar a alguien mal posicionado puede ser como “darse un balazo en el pie”, habrá que ver cuántos de los que ya andan calentando motores terminan siendo candidatos que le aporten a Morena… o candidatos que Morena e Imelda Castro tengan que echarse al hombro.
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Se vale hablar bien de Culiacán
En medio de dos años en los que Culiacán ha vivido bajo el asedio de la violencia, también hay que reconocer cuando las cosas se hacen bien. Los festejos por el 495 aniversario de la ciudad, organizados por el gobierno que encabeza Ana Miriam Ramos Villarreal, dejaron algo más que conciertos y actividades culturales: durante siete días, miles de culiacanenses volvieron a ocupar plazas, parques y espacios públicos para convivir, distraerse y disfrutar de su ciudad. Casi 20 mil personas y más de 80 actividades con la participación de unos 500 artistas hablan de una respuesta ciudadana que vale la pena destacar. Porque frente a una realidad que ha intentado imponerse sobre la vida cotidiana, el gobierno municipal hace bien en no abdicar de su responsabilidad de generar estos espacios. Recuperar la ciudad también significa volver a vivirla. Culiacán necesita seguridad, sí, pero también necesita esperanza, convivencia y momentos para recordar que la ciudad es mucho más que las noticias de violencia. Se vale hablar bien de Culiacán, se vale disfrutar la capital y, sobre todo, se vale que sus habitantes vuelvan a sentir que también les pertenece.