Gobernar no es un circo
Que el alcalde de Elota, Richard Millán diga que los casi 14 millones de pesos observados por la ASE a la Cuenta Pública son “100 por ciento justificables” es algo que tendrá que demostrar con documentos y que corresponderá a las autoridades fiscalizadoras determinar. Las observaciones, por sí mismas, no acreditan un desvío. Hasta ahí, el alcalde tiene derecho a defender su administración. Lo que difícilmente puede justificarse es el estilo. Porque una cosa es administrar con transparencia y otra convertir el ejercicio de gobierno en un espectáculo permanente, entre extravagancias, desplantes y una vida pública más cercana al circo que a la responsabilidad institucional más en una localidad que acusa rezagos, carencias y problemas de violencia. Un presidente municipal no está para montar un show, sino para administrar dinero público, resolver problemas y rendir cuentas. Y cuando se manejan recursos que, como bien dice el propio Millán, son “del pueblo”, lo mínimo que se espera es seriedad, sobriedad y compromiso. Porque las observaciones pueden solventarse; el desaseo político y la frivolidad en el gobierno dejan otra clase de factura.
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Guerreros topan con pared
Guerreros Azules llegó al escenario político sinaloense poniendo sobre la mesa una causa que merece atención: los derechos, prestaciones y condiciones laborales de policías, jubilados y viudas. El problema es que una causa legítima no necesariamente convierte en legítimas todas las formas de presión. Desde el arranque de este gobierno, la agrupación ha hecho de la protesta y el conflicto su principal herramienta, al grado de que en distintos momentos se le ha señalado por tensar la situación en algunos ayuntamientos. Hoy, sin embargo, se toparon con pared en Palacio de Gobierno: el Ejecutivo estatal les dejó claro que varios de los asuntos que reclaman no son de su competencia. Eso no significa cerrarles la puerta al diálogo ni desconocer sus demandas. Significa algo mucho más elemental, que cada autoridad debe responder por lo que le corresponde y cada organización debe llevar sus reclamos ante las instancias que legalmente pueden resolverlos. Porque si todo se quiere resolver bloqueando accesos, presionando funcionarios o provocando crisis, entonces la protesta deja de ser instrumento de diálogo y termina convirtiéndose en parte del problema. Y en un estado que bastante tiene ya con sus propias crisis, nadie necesita agregarle otra por la vía de la confrontación permanente.
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La ruta sigue
Morena ya tiene definidos a sus coordinadores estatales rumbo a 2027, pero el acomodo interno está lejos de terminar. Ahora vienen las coordinaciones de los distritos federales y de los municipios. Según la ruta que se conoce, el proceso federal arrancaría la próxima semana y el municipal comenzaría la semana siguiente, aunque las fechas todavía pueden ajustarse. La disputa cambia de escala: después de las gubernaturas, las aspiraciones se moverán al territorio y a los espacios más cercanos a la militancia. También se abrirá una nueva competencia entre grupos locales que buscarán colocar a sus perfiles en las boletas. El partido ha planteado que las encuestas vuelvan a ser el método para definir estas responsabilidades, así que habrá que ver si esta vez sus resultados convencen a quienes participen. El reto para la dirigencia será mantener la unidad entre quienes ganen las coordinaciones y quienes se queden esperando. Porque el tablero estatal ya está completo, pero el siguiente round apenas empieza.
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La pregunta pendiente
Hay anuncios que se presentan como regreso a la normalidad, pero terminan recordándonos cuánto falta para alcanzarla. El Palenque de Culiacán vuelve a ponerse sobre la mesa después de que, en 2024, la violencia obligara a cancelar la feria y el espectáculo; las taquillas fueron atacadas y hasta incendiadas. Ahora se anuncia "una nueva administración" que se deslinda de los adeudos y reembolsos de aquella edición. "Puede tratarse de otra empresa", pero eso no resuelve la pregunta de fondo: ¿qué condiciones de seguridad habrá para recibir a miles de personas y quién responderá si algo vuelve a salir mal? En una ciudad golpeada por la violencia y el miedo cotidiano, llenar un palenque no demuestra que la normalidad haya vuelto. La fiesta puede regresar al calendario; la confianza no se recupera con una cartelera ni con la venta de boletos.