La deuda con Alexa y Leidy
Hay hechos que no se olvidan. Y el de Badiraguato, donde perdieron la vida las niñas Alexa y Leidy, es uno de ellos. No fue en medio de una disputa criminal. No fue por estar en el lugar equivocado dentro de ese mundo. Fue, según lo que hoy se procesa, por un error humano en un contexto de alta tensión. Y ahí es donde la realidad se vuelve incómoda. Porque sí: el error humano existe. Incluso en instituciones formadas, disciplinadas y fundamentales como el Ejército Mexicano. Negarlo sería simplificar una realidad mucho más compleja, sobre todo en un estado donde la violencia ha exigido respuestas constantes. Pero también es cierto lo otro: cuando el error cuesta vidas inocentes, no puede haber espacio para la omisión. La vinculación a proceso de 13 elementos del ejército no es motivo de celebración. No lo es. No hay nada que celebrar cuando el origen de todo es la muerte de dos niñas. Pero sí es un mensaje necesario: la justicia, aunque tarde, tiene que llegar. Y en este caso, está empezando a hacerlo. Porque si algo duele más que la tragedia, es la impunidad. Y aquí hay un punto que debe quedar claro: exigir justicia no debilita a las instituciones, las fortalece. Señalar responsabilidades no es estar en contra del Ejército; es reconocer que su legitimidad también depende de que los errores —cuando ocurren— se enfrenten con verdad y consecuencias. El propio compromiso de “no habrá impunidad” del Gobernador Rubén Rocha, no podía quedarse en discurso. Hoy empieza a tomar forma. Tarde, sí. Pero necesaria. Porque Alexa y Leidy no pueden quedar solo en el recuerdo de una tragedia más. Deben ser, también, el punto donde la justicia se impone sobre el silencio.
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Denunciar… es saber probar
En Sinaloa ya entramos a esa etapa donde las denuncias políticas empiezan a sonar más… a estrategia que a justicia. Ahí está el caso del PAN, que vuelve a presentar queja contra la senadora de Morena Imelda Castro Castro por actos anticipados, promoción y hasta presunto uso de recursos ilícitos. No es la primera. Y ese dato no es menor. Porque la anterior ya fue desechada. Y aquí es donde empieza el ruido. No tanto por la denuncia en sí —que es válida en cualquier democracia—, sino por lo que la rodea. Porque en la rueda de prensa se dijeron muchas cosas: financiamiento ilícito, eventos millonarios, estructuras operando… pero hasta ahora, más allá del señalamiento mediático, poco se ha sostenido públicamente con claridad. Y en política, acusar sin sostener… termina pesando. No se trata de defender a nadie. Si hay irregularidades, que se investiguen y se sancionen. Así de simple. Pero también es cierto que repetir la misma ruta, con los mismos argumentos que ya no prosperaron, deja más dudas que certezas. Porque entonces la pregunta es inevitable: ¿es una denuncia… o es narrativa? Mientras tanto, Morena —con su propio estilo— responde como suele hacerlo: minimizando, cerrando filas y apostando a que todo quede en lo que ya pasó una vez. Y quizá no están tan equivocados en el cálculo. Porque si algo ha demostrado este tipo de episodios, es que muchas veces terminan en lo mismo: expedientes largos, tiempos diluidos… y resoluciones que no cambian el fondo político. Así las cosas. Mucho señalamiento… poca consecuencia. Y en medio de todo, el proceso sigue avanzando.
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Posicionarse… o exponerse
En Morena nadie está distraído. Todos están viendo el 2027. Y sí, todos quieren estar en la encuesta. Eso no se esconde… pero si, se administra. Porque una cosa es aspirar, y otra muy distinta es cómo lo haces. Ahí están los casos claros: la senadora Imelda Castro Castro y la diputada Maria Teresa Guerra Ochoa que han optado por la ruta frontal. Decirlo, posicionarlo, instalarlo. Apostar a que el ruido construya presencia. Es una estrategia. Válida. Pero no la única. Del otro lado está el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil que juega distinto. Más medido. Más cuidadoso. Sin negar el escenario, pero sin adelantarse al calendario. Mientras unos hablan de lo que viene, él se sostiene en lo que hoy le da números: su gestión, el territorio y la aprobación. Y no es menor. Porque en Morena las encuestas no solo miden intención… también desgaste. Y ahí es donde empieza la diferencia entre quien se expone de más y quien llega en mejor condición. Aquí no se trata de ingenuidad. Nadie se va a quedar fuera. Todos se van a registrar cuando llegue la convocatoria. Pero hay quienes entienden que en política no todo se grita desde el inicio. Porque posicionarse temprano puede dar ventaja… o puede cobrar factura. Al final, no es quién quiere más. Es quién llega mejor. Y tiempos traen tiempos. Primero el género y luego la encuesta.
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El discurso Naranja de MC
En política, decir que no habrá alianzas… es casi siempre el primer paso para terminarlas negociando. Ahí está Sergio Esquer Peiro, que arranca su etapa al frente de Movimiento Ciudadano con una definición clara: no hay acuerdos con partidos, la única alianza es con la ciudadanía. Suena bien. Suena limpio. Suena incluso atractivo. Pero también suena… conocido. Porque en Sinaloa —y en casi todo México— los procesos electorales no se ganan solo con discurso. Se ganan con estructura, con operación… y sí, muchas veces con alianzas que terminan siendo inevitables. Y ahí es donde entra la duda. ¿Realmente MC está en condiciones de ir solo hasta el final? ¿O es simplemente una postura de arranque mientras se mide el terreno? Porque si algo dejó claro el propio movimiento político reciente, es que el escenario opositor más competitivo pasa precisamente por la suma: PAN, PAS y MC en la misma ecuación. Negarlo hoy puede ser estrategia… pero sostenerlo mañana será otra historia. Eso no le quita mérito al planteamiento. Apostarle a la ciudadanía como eje central no es menor. Pero entre el discurso y la boleta hay un trecho largo… y normalmente se recorre en compañía. Al final, más que una definición, esto parece un posicionamiento inicial. Porque en política, como en campaña, lo que hoy se descarta… mañana se negocia.