Tregua… por la palabra
En política, pocas cosas tienen tanto peso como la credibilidad. Y en medio de un conflicto que escaló rápido —con casetas tomadas, presión creciente y un campo en incertidumbre—, la palabra del gobernador Ruben Rocha Moya logró lo que parecía complicado: abrir una ruta de distensión. Los productores dieron una tregua y liberaron las casetas no por desgaste… sino por confianza. Confianza en que esta vez el diálogo sí tendrá fondo y no solo forma. Detrás de este movimiento hay algo más que un acuerdo coyuntural. De la mano del secretario de Agricultura, Ismael Bello Esquivel se construyó una salida que baja la tensión en el estado y, al mismo tiempo, traslada el conflicto al terreno donde realmente se define: la negociación de alto nivel en la Ciudad de México. Ahí es donde se alinean los recursos, se fijan reglas y se determina si el campo sinaloense tendrá o no certidumbre en la comercialización del maíz. Lo que viene no es menor. El precio internacional ronda los 4,500 pesos por tonelada, insuficiente para cubrir costos de producción. Por eso, el eje de la negociación será claro: definir el tamaño del respaldo federal, aterrizar la aportación estatal —que ya tiene una bolsa comprometida— y construir un esquema que permita que el productor no pierda. No se trata solo de números… se trata de viabilidad para miles de familias que dependen del ciclo agrícola 2025-2026. Ahí es donde entra el punto clave: el acompañamiento directo del gobernador. No es común que un mandatario estatal se instale varios días en la capital del país para empujar personalmente una negociación de este tipo. Lunes, martes y miércoles serán días de gestión intensa, de tocar puertas y de traducir compromisos en acuerdos concretos. Y en ese nivel, la política deja de ser discurso y se convierte en operación. El gesto de los productores también es relevante. Retirarse —aunque sea de forma temporal— implica un voto de confianza, pero también un mensaje claro: el margen de espera es corto. Si la gestión no da resultados, la presión puede regresar. Por eso, lo que está en juego no es solo resolver un conflicto inmediato, sino construir una salida estructural que dé certidumbre al campo sinaloense frente a la volatilidad de los mercados. Hoy hay tregua. Hay apertura. Hay ruta. Pero sobre todo, hay expectativa. Porque cuando el diálogo se abre por la vía de la confianza, lo mínimo que se espera es que se traduzca en resultados. Y esa, ahora mismo, es la prueba de fondo para el gobierno del estado.
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Revés… y lupa abierta
Lo que el árbitro electoral había dado por cerrado… el tribunal dijo que no. El caso de la senadora Imelda Castro dio un giro relevante luego de que el Tribunal Electoral del Estado de Sinaloa revocara la resolución del Instituto Electoral del Estado de Sinaloa que había desechado los señalamientos por presuntos actos anticipados de campaña, promoción personalizada y uso indebido de recursos públicos. Es decir: lo que para la autoridad administrativa no existía… para el máximo órgano jurisdiccional electoral en el estado no fue analizado a fondo. Y ese matiz no es menor. Porque no se trata aún de una sanción, pero sí de un llamado claro: revisar bien, revisar todo y resolver con sustento. El tribunal fue puntual: más de 444 imágenes y 21 videos presentados por el Partido Acción Nacional y Movimiento Ciudadano no fueron valorados de manera exhaustiva. Y en un proceso electoral que, aunque formalmente inicia en diciembre, ya empieza a moverse en lo político, el detalle cuenta… y cuenta mucho. Durante meses, la narrativa de la senadora ha sido consistente: no hay campaña, hay trabajo legislativo; no hay promoción, hay rendición de cuentas. Un argumento válido en el marco legal… pero que ahora queda bajo revisión más estricta. Porque el tribunal no compró la conclusión del IEES, y ordenó regresar el expediente para que se haga lo que no se hizo: analizar a profundidad y emitir una resolución de fondo. Aquí el punto no es menor. En política, los tiempos son tan importantes como las formas. Y cuando un proceso pasa de archivo a revisión obligada, el mensaje es claro: el tema está vivo. Y estará bajo lupa. Además, el contexto no ayuda. En el mismo entorno político, los episodios recientes tampoco abonan: el show legislativo de Serapio Vargas y Pedro Alonso Villegas Lobo en tribuna, las acusaciones por violencia política en razón de género contra otro legislador… y ahora, la figura más visible del proyecto “Los Imeldos” enfrentando una revisión judicial electoral. Mal timing político. Porque cuando el foco les apunta, no hay margen para errores ni excesos. Y hoy, ese proyecto no está creciendo… está siendo observado.
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Servir… pero ¿a quién?
“Que no descarta”, dice la Alcaldesa de Mazatlán, Estrella Palacios, reelegirse. Y cómo no… si en política lo único que nunca se descarta es seguir. El problema no es aspirar, el problema es con qué se respalda esa aspiración. Porque en Mazatlán, más que resultados, lo que se acumulan son decisiones difíciles de explicar. Tapar vialidades clave a la altura de Valentinos, frenar el flujo turístico y convertir lo que debería ser dinamismo en un cuello de botella… no parece precisamente una estrategia para “servir a la gente”. Y si alguien cree que esto es percepción, ahí están los datos. La encuestadora RUBRUM pone el escenario claro: solo 25.5% votaría por su reelección, contra un 61.4% que dice que no.
Más del doble en contra. No es cerrado. Es tendencia. Y no es un caso aislado. La casa encuestadora Massive Caller también la coloca en números negativos, en la lona electoral, confirmando que el problema no es de narrativa… es de realidad. Y si aún quedara duda, basta asomarse a la conversación pública en redes sociales. Ahí están los comentarios: que “no gracias”… que “es un buen chiste”… que “la peor presidenta”… que “el municipio está en piloto automático”… No es uno. No son dos. Es una constante. Eso sí, hay quienes sí están sirviendo… pero a otros. Porque mientras los negocios locales batallan con el estancamiento, hay cajas registradoras —muy específicas— que no dejan de sonar. Y ese dinero, para acabarla, ni siquiera se queda en el puerto. Pero bueno, “ella no descarta”. Y claro que no. La pregunta debería ser otra: ¿de dónde sale la idea de que hay condiciones para reelegirse? Al final, será la gente la que decida. La misma gente que hoy no necesita que le expliquen nada… porque lo vive… y ya lo está diciendo.
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Plaga… en institución de salud
En política pública hay algo básico: lo que no se atiende a tiempo, se exhibe. Y eso fue exactamente lo que pasó en el ISSSTE de Culiacán. No fue un reporte técnico, ni una auditoría interna… fue un video. Otra vez, la realidad rebasando al discurso. Sí, el instituto ya salió a decir que el problema está “focalizado”, que es en una barda colindante, que ya hay limpieza, cebos y control. Todo eso está bien. Es lo que se tiene que hacer. Pero el punto no es ese. El punto es por qué tuvo que llegar a ese nivel para actuar. Porque estamos hablando de un hospital de alta especialidad. Un espacio donde la higiene no es un detalle… es condición mínima. Y cuando aparecen roedores, aunque sea en la periferia, lo que se pone en duda no es solo esa esquina: es todo el sistema de control sanitario. Aquí hay dos lecturas. La institucional: reacción rápida, medidas implementadas, problema en vías de control. Y la ciudadana: abandono, descuido y una alerta que tuvo que viralizarse para ser atendida. Entre una y otra está la verdad. El ISSSTE dice que mantendrá limpieza permanente y control estricto. Perfecto. Eso no debería ser respuesta a una crisis… debería ser rutina. Porque en temas de salud pública, no basta con apagar el incendio. Hay que evitar que vuelva a prender.