Columnas
Columna Institucional Sin Ambages Lunes 29
“Las decisiones abren puertas, pero son la congruencia y los resultados los que terminan escribiendo la historia”
Por:
Redacción el
28 de junio de 2026
El filtro de la incongruencia
Si Morena pretendía enviar un mensaje de rigor, terminó enviando uno de contradicción. Porque más allá de simpatías o fobias, hay un hecho imposible de ignorar: Gerardo Vargas Landeros, exalcalde de Ahome, desaforado por el Congreso y con dos vinculaciones a proceso, pasó el filtro y obtuvo su registro sin mayor obstáculo. Entonces la pregunta no es para Gerardo Vargas. La pregunta es para quienes diseñaron el proceso: ¿cuál fue el criterio? Si el objetivo era cuidar la imagen del movimiento, resulta difícil explicar por qué un perfil con ese historial jurídico sí recibió luz verde. Las reglas dejan de fortalecer a una institución cuando parecen aplicarse de manera distinta según el personaje. En contraste, el alcalde con licencia de Culiacán, Juan de Dios Gámez, optó por no registrarse. Lo hizo, según la explicación de su entorno, por respeto al proceso y para no generar interpretaciones mientras su situación era revisada. Esa decisión, voluntaria o no, hace todavía más evidente el contraste con quienes sí recibieron el visto bueno. Al final, la política también comunica con sus decisiones. Y permitir competir a un aspirante desaforado y con procesos penales abiertos terminó enviando un mensaje que Morena difícilmente podrá ignorar. Porque más importante que quién se registra, es entender bajo qué criterios se decide quién sí… y bajo cuáles se considera prudente hacerse a un lado.
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Jumanji Político
Si alguien todavía dudaba que la famosa “unidad” de Morena era más discurso que realidad, bastó con ver la jornada de registros en la Ciudad de México. Doce aspirantes, cada uno con su propia porra, su propio proyecto y su propia narrativa de que “es el elegido”. Más que un proceso interno, aquello pareció un carnaval político: de chile, de mole y de pozole. Porque la pregunta es inevitable: ¿de cuál unidad hablan? Si todos quieren ser candidatos, todos se sienten con méritos suficientes y todos aseguran representar el verdadero espíritu de la Cuarta Transformación. La fotografía grupal sirve para el discurso, pero la competencia apenas comienza y, conforme avance, las sonrisas darán paso a los jaloneos, las filtraciones y los inevitables golpes bajos. En política nadie se registra para perder. Algunos llegaron convencidos de que traen la bendición, otros para medir fuerzas, unos más para negociar posiciones y no faltan quienes simplemente cumplen el papel de comparsa para fortalecer la narrativa de un proceso abierto y democrático. El verdadero juego no terminó con la entrega de documentos; apenas comenzó. Como en Jumanji, todos decidieron entrar al tablero. La diferencia es que aquí no todos saldrán vivos políticamente. Cuando llegue la encuesta, el filtro nacional y la decisión final, quedarán muy pocos en pie. Entonces veremos quién realmente tenía proyecto… y quién sólo fue parte del decorado de la supuesta unidad.
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Nueva generación
Los nombramientos de Francisco Javier Barrón en Bienestar y Diego Armando Aguerrebere en Economía mandan una señal interesante dentro del gabinete estatal: hay espacio para perfiles jóvenes que han venido construyendo camino con trabajo, preparación y resultados. No llegan de adorno ni por ocurrencia. Ambos conocen la operación pública, entienden el momento político que vive Sinaloa y tienen por delante dependencias clave, donde no bastan las buenas intenciones: se necesita orden, sensibilidad y capacidad de respuesta. A Diego le tocará empujar una agenda económica que exige cercanía con sectores productivos, inversión y certidumbre. A Francisco Javier o Frankie como sus amigos lo conocen, le toca atender una de las áreas más sensibles del gobierno: el bienestar de la gente. Son jóvenes, sí, pero no improvisados. Y si algo debe celebrarse es que una nueva generación tenga oportunidad de demostrar, con hechos, que el relevo también puede venir acompañado de responsabilidad.
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¿Quién nos cuidaba?
Lo verdaderamente alarmante del caso de Escuinapa no es descubrir que un exdirector de la Policía Municipal terminó detenido junto a un jefe criminal. Lo realmente preocupante es preguntarnos cuánto tiempo estuvo portando una placa, un arma y ejerciendo autoridad mientras, según las investigaciones, caminaba del otro lado de la ley. Porque los secretos de quién servía a quién eran de esos que, dicen en los pueblos, conocía todo el mundo… menos las fiscalías. Pero hay otro dato que no debe pasar inadvertido. Cuando desde el Estado se planteó relevar ese mando y colocar al frente de la corporación a un elemento militar o estatal, el cambio encontró resistencia. Pasaron más de quince días para concretarlo. ¿Fue temor, fue presión o fue complicidad? Esa respuesta la deben dar quienes tomaron la decisión de retrasar una sustitución que terminó siendo inevitable. Y el problema no termina en Escuinapa. Durante años hubo corporaciones donde ciertos mandos parecían intocables. En Culiacán, por ejemplo, hubo personajes que permanecieron casi una década al frente sin que nadie se atreviera siquiera a cuestionarlos. Hoy queda claro que limpiar las policías no será tarea sencilla para los nuevos mandos estatales y federales. Porque combatir a los grupos criminales es un reto, pero desinfectar las instituciones que durante años permitieron estas historias quizá sea todavía más difícil.
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