DIF: La casta privilegiada
Si lo que ayer advertíamos sobre la presunta adjudicación irregular de bases en el Sistema DIF Sinaloa ya era vergonzoso, los nuevos nombres que comienzan a circular hacen todavía más delicado el asunto. La lista de quienes habrían aprovechado sus posiciones de poder e influencia para obtener este beneficio no se limitaría a la propia directora general, Mercedes Ibarra Medina, sino que incluiría presuntamente a otros seis funcionarios: la directora de Administración y Finanzas, Karina Solano Rodríguez; el jefe del Departamento de Bienes y Suministros, Marcos Martínez; la directora de Asistencia Alimentaria, Yadisabel López; la directora de Desarrollo Comunitario, Anahí Berrelleza; el jefe del Departamento Jurídico, Gerardo García, y la jefa del Departamento de Recursos Humanos, Catalina Prieto. Lo verdaderamente indignante es que, mientras hay trabajadores con años de antigüedad con pauperrimos ingresos esperando una base y el reconocimiento de sus derechos laborales, quienes ocupan puestos de dirección, jefaturas y mandos de confianza presuntamente habrían encontrado la manera de ponerse primero en la fila. Una práctica que, de confirmarse, representaría no solamente un abuso de poder, sino una bofetada para quienes han esperado legítimamente una oportunidad. Y cuidado, porque la lista podría ser mucho más larga. Hay quienes aseguran que durante estos cinco años se fueron acumulando privilegios, favores y decisiones que merecen una revisión a fondo. El DIF Sinaloa está obligado a explicar quién autorizó estas asignaciones, bajo qué criterios y con qué sustento legal. Porque una cosa es garantizar derechos laborales y otra muy distinta convertir una institución de asistencia social en patrimonio de una casta de privilegiados.
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¿Vale la pena hacer el palenque?
Desde que comenzó la confrontación entre facciones del crimen organizado en Sinaloa, la Feria Ganadera —y en particular su palenque— quedó en medio de una discusión que va más allá de los espectáculos: quién lo administra, quién se beneficia y qué condiciones de seguridad existen para realizarlo. El recinto ya había sido atacado en noviembre de 2024, cuando la violencia obligó a suspender actividades. Ahora, a diez días del inicio previsto del palenque, volvieron los disparos contra sus instalaciones. En esta ocasión hubo una respuesta policial que merece reconocerse. Tras el reporte de los disparos, elementos del Grupo de Operaciones Especiales de Sinaloa (GOES), en coordinación con otras corporaciones, desplegaron un operativo de búsqueda y seguimiento que terminó con tres detenidos, uno de ellos menor de edad. Aseguraron cinco armas, cientos de cartuchos y presuntas drogas. Es un resultado relevante para una Policía Estatal que trabaja con limitaciones y que necesita recuperar la confianza ciudadana. La detención, sin embargo, es apenas el comienzo. Las autoridades deberán esclarecer qué participación tuvo cada persona y si existe una relación comprobable con el ataque. Para que los hechos no queden impunes, hacen falta investigaciones sólidas y que los responsables enfrenten la justicia. La pregunta de fondo sigue en pie: ¿vale la pena hacer el palenque en estas condiciones? La tradición y la actividad económica importan, pero no justifican exponer a trabajadores, artistas y asistentes a nuevos episodios de violencia. Antes de abrir sus puertas, debe haber garantías de seguridad, claridad sobre quién organiza y administra, y respuestas sobre quién obtiene los beneficios. Sin eso, anunciar una cartelera no basta para convencer a la gente de que puede volver con tranquilidad.
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Culiacán: señales de confianza
El saldo blanco registrado durante el Operativo de Panteones 2026 en Culiacán deja dos lecturas que vale la pena destacar. Por un lado, habla de una ciudadanía responsable que atendió las recomendaciones preventivas y contribuyó a que miles de familias pudieran visitar los cementerios sin incidentes que lamentar. Por otro, puede interpretarse como una señal alentadora de que, pese a la violencia que no da tregua, la gente comienza a recuperar confianza y a retomar actividades que forman parte de su vida cotidiana. No es un dato menor que la afluencia haya aumentado en más de 20 mil personas respecto al año pasado. Desde luego, dos jornadas sin incidentes no significan que la percepción de inseguridad haya desaparecido ni que la normalidad esté recuperada pues para eso falta y mucho, pero sí muestran que existe una sociedad dispuesta a no renunciar a sus tradiciones, a sus espacios y a la convivencia familiar. En una ciudad que lleva demasiado tiempo viviendo bajo la sombra de la violencia, cada oportunidad para recuperar la tranquilidad y la confianza colectiva cuenta. Y esta vez, la responsabilidad ciudadana y la coordinación de las autoridades de seguridad y auxilio hicieron su parte.
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Prevenir es saber actuar
Capacitar a policías y restaurantes para detectar y atender la violencia contra las mujeres es un paso positivo. Una víctima puede buscar ayuda en una patrulla o en un establecimiento, y la primera respuesta que reciba puede ser decisiva. Por eso es importante que los agentes conozcan las rutas de atención y que el personal de los comercios sepa identificar señales de riesgo y actuar con discreción. El reto ahora es llevar esta iniciativa a todos los municipios y convertirla en una ruta clara: quién recibe el reporte, cómo se protege a la mujer, a qué institución se canaliza y cómo se da seguimiento. El protocolo que preparan SEMujeres, Seguridad Pública y la Fiscalía puede ayudar a que la atención no dependa de la experiencia o el criterio de cada persona. También convendría involucrar a más giros comerciales y evaluar periódicamente si la capacitación está funcionando. La prevención avanza cuando las instituciones y la sociedad saben cómo responder. Reconocer este esfuerzo es válido; sostenerlo, ampliarlo y medir sus resultados será lo que permita convertir una buena iniciativa en protección efectiva.