Imelda busca llenar vacíos
La reunión fue discreta. Demasiado. Imelda Castro se reunió con diputados y cuadros de Morena en el Congreso del Estado bajo una premisa pública: unidad, organización y coordinación para acompañar el proyecto de la presidenta Claudia Sheinbaum y comenzar a ordenar los trabajos de la Cuarta Transformación en Sinaloa. Eso fue lo público. Lo que trascendió de la reunión resulta bastante más interesante. Entre asistentes y buenas orejas se comentó que uno de los temas que sobrevoló el encuentro fue el vacío de poder que hoy existe en Sinaloa y, particularmente, la necesidad de construir una conducción política que articule partido, diputados, alcaldes y regidores alrededor de la nueva coordinadora estatal. Imelda lo sabe y parece dispuesta a aprovecharlo. No necesariamente para confrontarse abiertamente con lo que queda del grupo que ha gobernado Sinaloa durante los últimos años. Sería innecesario y hasta contraproducente. Pero una cosa es evitar la confrontación y otra muy distinta renunciar a ocupar los espacios que hoy están quedando sueltos. Y uno de esos espacios podría estar en el Congreso. De la encerrona trascendió también que se analiza una recomposición en la bancada de Morena y eventualmente un cambio en la Junta de Coordinación Política, donde la intención sería que una mujer asumiera la conducción. No es todavía una decisión formal, pero el tema está sobre la mesa. Y no es menor. Quien controla la mayoría legislativa tiene una pieza fundamental de la operación política del estado. Mucho más en momentos como éste, cuando el Gobierno estatal atraviesa una etapa de reacomodos y Morena necesita definir dónde termina la administración y dónde comienza el nuevo proyecto político rumbo a 2027. Ahí está la verdadera lectura de los movimientos de Imelda: no solamente está organizando una estructura electoral. Está intentando llenar un vacío político. Habrá que ver hasta dónde se lo permiten. Porque los espacios de poder pueden quedar temporalmente vacíos, pero nunca permanecen así demasiado tiempo. Y en Sinaloa ya comenzó la disputa por ocuparlos.
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El PRI, rémora en apuros
El PRI tiene un problema que difícilmente puede esconder rumbo a 2027: necesita convencer a sus posibles aliados de que todavía representa un activo electoral y no una carga. No será sencillo. Si usted compara una fotografía de quienes eran diputados, alcaldes, regidores y candidatos hace seis o incluso doce años, encontrará muchos de los mismos nombres que hoy vuelven a moverse y a corretear candidaturas. Eso evidencia al menos dos cosas. En el mejor de los casos, el partido no se preocupó suficientemente por generar nuevas alternativas y abrir espacios reales a jóvenes con ideas frescas. En el peor, prevaleció la vieja práctica del acaparamiento de las candidaturas. Son las mismas y los mismos que ya han sido medidos en las urnas y muchos no han conseguido ganar prácticamente nada, salvo posiciones por la vía plurinominal. Ese es precisamente el problema que enfrenta el PRI cuando llama a construir una gran alianza opositora. En sectores del PAN no parecen demasiado entusiasmados con cargar una estructura priista que consideran desgastada, mientras Movimiento Ciudadano comienza a resultar más atractivo para algunos sectores por su estrategia territorial, de posicionamiento y vinculación. El PRI, en cambio, sigue arrastrando funcionarios caducados en su Comité Directivo y viejos burócratas anclados en la nostalgia de los tiempos idos. Pero cuidado. Una cosa es reconocer la debilidad actual del PRI y otra pensar que la oposición puede darse el lujo de fragmentarse todavía más. Si Acción Nacional realmente pretende construir una alternativa competitiva, tendrá que decidir qué hacer con sus posibles aliados, bajo qué reglas y hasta dónde está dispuesto a abrir sus puertas. Porque tampoco se construye una coalición despreciando primero a quienes después podrían necesitarse en las urnas. El PRI está en apuros. Y si pretende llegar vivo y competitivo a 2027, tendrá que demostrar que todavía puede aportar algo más que siglas, estructuras envejecidas y los mismos nombres de siempre. En el PAN, por su parte, tampoco deberían confundirse. Una cosa es no querer cargar con bultos y otra muy distinta creer que pueden cargar solos con toda la oposición.
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PAN: Entre ego y derrota
Y si el PRI tiene un problema de renovación, el PAN parece tener uno de conducción. En Acción Nacional Sinaloa todavía no terminan de entender las reglas de su propio juego. Desde la dirigencia nacional abrieron una plataforma para ampliar la participación, buscar perfiles y permitir que ciudadanos e incluso personajes provenientes de otras fuerzas políticas levanten la mano rumbo a 2027. Paola Gárate lo hizo. Se registró sin renunciar al PRI y bajo las reglas establecidas por el propio Acción Nacional. Pero en Sinaloa ya comenzaron a ponerle condiciones adicionales. Roxana Rubio, coordinadora de la bancada panista en el Congreso, prácticamente le hizo manita de cochi: si quiere ser candidata del PAN, que deje la bancada del PRI y se pase a la de Acción Nacional. Curioso. Porque una cosa parece decir el PAN cuando busca abrir las puertas y otra muy distinta hacen algunos de sus liderazgos locales cuando alguien decide cruzarlas. Y mientras eso sucede, Eduardo Ortiz, dirigente municipal del PAN en Culiacán, también levantó la mano para buscar la gubernatura. Está en todo su derecho. Como también Roxana, Paola y cualquiera que cumpla con las reglas de la convocatoria. El problema no son las aspiraciones. El problema es confundir apertura con reparto de posiciones y construcción de una oposición con defensa de parcelas partidistas. Y aquí aparece la gran contradicción. El PAN puede considerar que el PRI está debilitado, envejecido y que necesita renovarse. Puede incluso decidir que una alianza con los priistas no le conviene. Lo que no puede hacer es abrir una puerta desde la dirigencia nacional y comenzar a colocar candados desde lo local dependiendo de quién pretenda cruzarla. Si realmente PAN, PRI y el resto de las fuerzas opositoras pretenden construir algo competitivo rumbo a 2027, en algún momento tendrán que decidir qué les importa más: conservar sus pequeños espacios de poder o construir un proyecto capaz de disputar el grande. Porque mientras Morena trabaja en ordenar su estructura alrededor de una coordinación estatal, enfrente todavía discuten quién pertenece a qué bancada, quién debe renunciar a qué partido y quién tiene más derecho a levantar primero la mano. Así difícilmente se construye una alianza. Mucho menos una alternativa. Los dirigentes de oposición podrán tener todas las diferencias políticas y personales que quieran. Son naturales. Pero si algún día pretenden competir juntos, tendrán que entender algo elemental: Una alianza no comienza cuando se reparten las candidaturas; comienza cuando dejan de estorbarse entre ellos.
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La seguridad no puede esperar
Agosto cerró en Sinaloa con una cifra que obliga a detener cualquier discurso triunfalista: 139 personas asesinadas, entre ellas 25 mujeres. Más allá de las estadísticas que puedan presumirse como “una tendencia a la baja”, cada homicidio representa una familia marcada por la pérdida y una sociedad que sigue preguntándose cuándo llegará una respuesta efectiva y cuándo realmente se verá la luz al final del túnel. La próxima presentación del Plan Integral de Seguridad y Gobernabilidad y la visita anunciada de la presidenta Claudia Sheinbaum colocan nuevamente el tema de la seguridad en el centro de la agenda. Y esta vez no bastan anuncios, despliegues militares ni nuevas estrategias en el papel. La población necesita resultados que puedan sentirse en las calles. Después de casi dos años de violencia, el reto ya no es convencer a los sinaloenses de que se está haciendo algo, sino demostrar que lo que se está haciendo funciona. Porque cuando los homicidios continúan, las desapariciones persisten y el crimen mantiene capacidad para desafiar a las instituciones, la confianza ciudadana se desgasta y la impunidad termina ganando terreno. El nuevo plan tendrá que ir más allá de lo conocido: inteligencia, investigación, coordinación, procuración de justicia y, sobre todo, combate frontal a las complicidades que permiten que la delincuencia opere con tanta libertad. Sinaloa no necesita otra promesa de paz ni un nuevo listado de buenas intenciones. Necesita empezar a ver y sentir la seguridad. Ese será el verdadero parámetro.