El Diputado Fantasma
Hay diputados que presumen cercanía con el pueblo… hasta que el pueblo llega a buscarlos. A Serapio Vargas le tocó vivir una escena digna de una comedia: productores de caña y trabajadores del ingenio llegaron al Congreso para pedirle cuentas por más de 50 millones de pesos pendientes, pero justo ese día su curul quedó tan vacía como las respuestas que esperan los afectados. Dicen que alguien le dio el pitazo y, por si las dudas, prefirió aplicar la vieja estrategia de “si no me ven, no existo”. Lo malo es que las deudas no desaparecen jugando a las escondidas. Son casi 500 familias las que siguen esperando el dinero de su trabajo, mientras el legislador, que suele tener opinión para todo, esta vez optó por el silencio y la ausencia. Lo curioso es que cuando llegan las campañas, los desaparecidos reaparecen con una facilidad sorprendente. Ahí sí no hay escondites, no hay curules vacías y no hay agenda ocupada. Sobran los saludos, las promesas y las fotos, porque un cargo más siempre resulta atractivo. El problema es que la memoria de la gente también vota, y tarde o temprano termina pasando lista.
*********
Prórroga federal
Por lo pronto, el conflicto se desactivó. Los productores de maíz suspendieron las protestas y el aeropuerto seguirá operando con normalidad. Tuvo que venir un enviado de la SADER desde la Ciudad de México para sentarse a negociar y prometer que ahora sí, en un plazo máximo de quince días, comenzarán a fluir los pagos pendientes. La pregunta es inevitable: ¿será la definitiva o solo una prórroga más? Porque los agricultores ya han escuchado demasiadas fechas, demasiados compromisos y demasiados “ahora sí”. Lo positivo es que, esta vez, los productores no solo aceptaron la promesa; también formaron una comisión para vigilar que se cumpla. Hicieron bien. La confianza ya no se regala, se supervisa. Ojalá que a mediados de agosto la noticia sea que el dinero llegó a las cuentas y no que apareció un nuevo funcionario para pedir otros quince días de paciencia. Porque la cosecha ya se entregó hace meses; la paciencia de los productores, hace mucho que empezó a agotarse.
*********
Trasplante, buena decisión
Durante años, una de las principales críticas a las obras públicas ha sido que, para dar paso al desarrollo, los árboles terminan siendo las primeras víctimas. Por eso resulta positivo que, en la construcción de la futura Unidad Deportiva Inclusiva, el Ayuntamiento de Culiacán haya optado por el trasplante de ejemplares en lugar de su tala. No se trata solo de mover árboles de un lugar a otro. Es reconocer que el crecimiento de la ciudad y el cuidado del medio ambiente pueden ir de la mano cuando existe planeación y voluntad. Cada árbol que logra conservarse representa años de vida, sombra, captura de carbono y beneficios para la calidad del aire que difícilmente podrían sustituirse de inmediato con una nueva plantación. Más alentador aún es que, además del rescate de estos ejemplares, se contemple sembrar nuevos árboles para fortalecer la cobertura vegetal del área. Esa es la ruta que Culiacán necesita: infraestructura moderna e inclusiva, sí, pero sin renunciar a los espacios verdes que hacen más amable y sostenible la ciudad. Ojalá este tipo de acciones deje de ser la excepción y se convierta en una práctica habitual en cada obra pública. El desarrollo no debe medirse únicamente por el concreto que se construye, sino también por la capacidad de preservar el patrimonio natural que pertenece a todos.
*********
Solidaridad que alimenta
En ocasiones se piensa que gobernar solo consiste en inaugurar obras o anunciar grandes proyectos. Sin embargo, también hay acciones pequeñas que tienen un impacto enorme en la vida de las personas. Para quien pasa días y noches acompañando a un familiar en un hospital, recibir un plato de comida caliente representa mucho más que un alimento: es un alivio económico, un gesto de solidaridad y la certeza de que alguien piensa en su situación. Programas como Alajibua demuestran que la política social también puede expresarse con acciones sencillas, pero profundamente humanas. Ojalá este tipo de apoyos no sean temporales ni dependan de la administración en turno, sino que se consoliden como una política permanente. Culiacán necesita grandes obras, sí, pero también gobiernos capaces de atender con sensibilidad a quienes atraviesan los momentos más difíciles. Porque cuando un gobierno logra combinar infraestructura con cercanía y atención humana, demuestra que sí es posible construir una ciudad mejor.