Más calle que oficina
En el gobierno local hay estilos que se notan a simple vista: quienes administran desde el escritorio y quienes administran desde la calle. Con los Diálogos por el Bienestar en la 5 de Mayo, Juan de Dios Gámez vuelve a ubicarse en la segunda categoría. No es casual ni anecdótico: el alcalde ha construido un modo de hacer política que combina escucha directa, compromisos claros y seguimiento con fecha. En colonias que ya se habían acostumbrado a la visita protocolaria o al reporte burocrático, esa mecánica hace una diferencia concreta. El arranque de 2026 confirma que el Ayuntamiento decidió levantar el ritmo: alumbrado, limpieza y pavimentación no son temas “menores”; son los fundamentos de la vida urbana y la frontera real donde se mide la eficacia del gobierno. En la 5 de Mayo, la señal es doble: primero se reconoce el problema y luego se activa la solución en tiempo presente, sin caer en la trampa del “lo revisamos”. Esa narrativa —más calle y menos oficina— genera algo que hoy vale oro en política: credibilidad. También hay una lectura de fondo. Una ciudad no se transforma con discursos, sino con presencia. Y presencia significa caminar, escuchar y volver para verificar que lo acordado se cumplió. Si esa lógica se sostiene durante el año, el municipio no solo ganará en servicios, sino en confianza, que es el capital político que define cualquier evaluación al cierre de un trienio. Gámez Mendivil parece entenderlo: la verdadera política municipal no sucede en el salón de cabildo, sino en la banqueta.
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Ciudad con agenda
El maratón no solo es un evento deportivo: es una pieza del relato que sea ha venido construyendo sobre Culiacán como ciudad con agenda, calendario y circuitos propios. La cifra de inscritos —estable respecto al año anterior— habla menos de estancamiento y más de consolidación, si se considera que buena parte de las ciudades medianas del país han visto caer la participación en carreras internacionales tras la pandemia. Donde sí hay lectura política es en el énfasis económico: el alcalde subraya ocupación hotelera, consumo y derrama justo en un sector que resentía la temporada baja, y al hacerlo acomoda un mensaje doble: que Culiacán puede generar eventos de atracción y que el municipio está construyendo un ecosistema de ferias, congresos y franquicias que trasciende la lógica del mitin y la verbena. La conversación de fondo es simple: si una ciudad produce flujo, recibe inversión; si produce calendario, recibe marca. Y esa es una apuesta que el gobierno municipal intenta fijar rumbo a la sucesión.
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Sube el Score de Paola
El pronunciamiento de Roxana Rubio no fue un gesto cortesano ni una cortesía de bancada; fue una señal de mercado político. Mientras el PRI insiste en depreciar a Paola Gárate, el PAN la aprecia en público y en privado. Cuando un partido bloquea talento y otro lo oferta, el problema no es el talento, es el partido. La dirigente panista lo dijo con la naturalidad de quien entiende la sucesión: Paola es de territorio, de agenda y de discurso. Es decir, es un activo. Y los activos, cuando generan votos y opinión, no se administran con silencios ni se disciplinan con exclusiones: se captan. Lo relevante del día no es si Paola se mueve o se queda, sino que ya cotiza afuera más alto que adentro. En política eso tiene nombre: sobreprecio por talento estratégico. Y ese diferencial desnuda al PRI en su versión más vieja: la que confunde control con conducción y obediencia con competitividad. Para el PAN, Paola representa posibilidad; para el PRI representa amenaza. Para la oposición es suma; para el priismo sinaloense es disrupción. Y nadie invierte para frenar una disrupción: se invierte para aprovecharla. El dato más político está en el precedente: que una mujer priista con oficio pueda adquirir valor sin pedir permiso a la dirigencia ni mendigar espacios. Eso abre ruta para otros cuadros que ya leen el costo de oportunidad de quedarse donde no cuentan y el beneficio de moverse donde sí suman. Ese es el verdadero pánico en el revolucionario: no Paola, sino lo que su caso habilita. El comentario del lunes se confirma sin matices: a Paola no la bloquea la oposición; la bloquea el PRI. El PRI puede seguir mirando hacia dentro y negociando con sombras, pero la política real —la que gana elecciones, agenda y opinión— está sucediendo afuera. Y ahí, el PRI no solo está ausente: está cotizando a la baja.
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Sucesión en marcha
La sucesión ya empezó, aunque nadie lo admita en público. En Morena las pulsiones son cada vez menos discretas: cuadros que se miden en territorio, en narrativa y en cercanía con el gobernador; otros en alianzas internas y control de agendas. En el PRI el ruido no es menor, pero la contienda tiene otro registro: ahí se están disputando más las franquicias que las candidaturas, más los sellos que los votos. Y en el PAN —que parecía mirar desde la grada— ya hay manos levantadas y perfiles que, sin gritarlo, se están poniendo en precio. Cuando tres casas políticas aceleran al mismo tiempo, el mensaje es inequívoco: la temporada electoral abrió. Lo llamativo no es la anticipación, sino el volumen de interesados. Si el hueso fuera malo, sobrarían silencios; pero como el premio es escaso y la exposición pública cotiza, abundan los aspirantes. Hay quienes quieren competir por convicción, otros por cálculo y unos más por simple supervivencia. La política local tiene una regla que casi nunca falla: si sobran jugadores es porque el negocio sigue siendo bueno. Y la pluralidad de nombres en todas las fuerzas confirma que la sucesión no será un trámite, sino un mercado. Un mercado donde se compra territorio, se vende narrativa y se negocia lealtad. En ese contexto, 2026 no se jugará solo en el día de la elección, sino en la fase previa: la de los filtros, los desprendimientos y las alianzas. El que llegue con marca y estructura tendrá ventaja; el que llegue solo con discurso quedará como espectador. Y mientras algunos siguen creyendo que la sucesión empieza cuando se publica la convocatoria, la política real ya se está moviendo en desayunos, colonias y pasillos. Por eso hay tantos en la fila: porque en sucesión, el que no entra temprano termina entrando barato —o no entra.