Diputado VIP… y cínico
Hay diputados que parecen haber confundido el Congreso del Estado con agencia de viajes… y el dinero público con viáticos personales. El morenista Guadalupe Santana Palma León se fue hasta Chihuahua a una marcha contra la gobernadora Maru Campos y, según la investigación de Adiscusión Diario, el paseo habría costado más de 50 mil pesos al erario sinaloense. Qué bonito: hasta para protestar contra gobiernos de otros estados hay presupuesto. Lo más cuestionable vino después, cuando los periodistas quisieron saber por qué el Congreso de Sinaloa habría pagado el viaje. FUE CÍNICO. El diputado confirmó que sí estuvo en la marcha, pero se reservó el derecho a explicar lo demás cuando como servidor público está obligado, más cuando se supone viene de un movimiento de no roba, no miente y no traiciona. Tampoco ve razón para disculparse, ni mucho menos, para decir si piensa regresar un solo peso. Total, para eso está el dinero público, ¿no? Para que los legisladores puedan ejercer libremente su derecho a viajar, protestar y después considerar una impertinencia que alguien les pregunte quién pagó la fiesta. Y qué curioso concepto de rendición de cuentas: según Palma León, dice: que hablen sus resultados. Pues estaría bueno conocerlos, porque de Chihuahua sabemos que fue a marchar; lo que todavía no sabemos es qué trabajo legislativo hizo allá. Lo risible fue cuando se le preguntó por qué no sacó de su bolsa para pagar ese viaje, no supo qué decir y atinó a señalar que se reservaba la opinión. Aquí le decimos por qué no quiso poner de su bolsa: por miserable, la marca de la casa, que cree que el dinero público es patrimonio personal. Vaya cobre que están enseñando algunos morenistas. Ahí vienen las urnas donde la gente no se reserva el derecho de opinar.
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El poder tras bambalinas
Hace poco más de un mes, Graciela Domínguez asumió el Gobierno. Y hace dos días comenzaron los primeros cambios en su gabinete, por decirlo claro, el poder se movió hacia una sola corriente. Se movieron áreas clave, sí, pero la decisión que más debería encender las alertas ocurre tras bambalinas: se va a cerrar la llave que durante años abasteció a todos. Que quede claro: cerrar una llave no significa que el agua desaparezca. La pregunta es quién se quedará con esa agua. La información que tenemos apunta a que quien hoy influye en esa decisión ya tuvo bajo su cuidado recursos destinados a un grupo del cual era parte y recibía. Porque no solo hay señalamientos, se tiene claro que ese dinero nunca llegó a donde debía. Si ahora pretende controlar una llave mucho más grande, la gobernadora tiene que revisar con cuidado la historia antes de que el caudal vuelva a desviarse. No hablamos de rumores para llenar una columna. Hablamos de una advertencia: que nadie confunda cortar el suministro con poner orden. Si el dinero deja de llegar a unos y termina en manos de quien mueve los hilos, no habrá ahorro; habrá una transferencia de poder y de recursos que alguien tendrá en sus manos. El poder no es para todos, pero todavía se está a tiempo de preguntar quién y porqué cerró la llave, quién tiene la mano en la válvula y dónde terminará cada gota. Después, cuando falte el agua y la bomba reviente, ya no bastará con decir que nadie lo vio venir.
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La burocracia que no salva vidas
Los números ya no admiten discursos triunfalistas ni comunicados llenos de buenas intenciones. Sinaloa cerró septiembre con 23 feminicidios, la cifra mensual más alta desde que este delito fue tipificado en 2012, y acumula 99 casos en apenas nueve meses, más que todos los registrados durante 2025. Son datos brutales y, sobre todo, una sentencia demoledora sobre la eficacia de las políticas públicas emprendidas hasta ahora. Durante años se han creado instituciones, oficinas, programas, campañas y estructuras burocráticas para atender la violencia contra las mujeres en Sinaloa. Todo muy poco útil. Se han destinado cientos de millones de pesos, se han multiplicado los discursos y se han organizado incontables eventos. Pero la realidad golpea con una crudeza imposible de ocultar: las mujeres siguen siendo asesinadas y las cifras crecen a un ritmo alarmante. La tragedia es doble. Primero, porque detrás de cada número hay una vida arrebatada y familias destrozadas. Segundo, porque el Estado parece haber construido una maquinaria administrativa que consume recursos sin lograr detener la violencia. Y cuando las estadísticas alcanzan niveles históricos, la pregunta deja de ser cuánto se gasta y pasa a ser mucho más incómoda: ¿qué está fallando y quién va a asumir la responsabilidad? Porque las mujeres de Sinaloa no necesitan más burocracia ni más discursos; necesitan resultados. Y los resultados, por ahora, son tan dolorosos como inocultables: nunca habían asesinado a tantas mujeres en tan poco tiempo.
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La paz que piden los niños
En Tepuche, la paz no fue una consigna más. Niñas y niños subieron al escenario con fotografías de los síndicos David Guadalupe y Héctor Bartolomé, asesinados en esa sindicatura, y del hermano de uno de ellos, también víctima de la violencia. Esas imágenes dijeron más que cualquier discurso. Los pequeños pusieron frente a todos los rostros y las ausencias que la violencia ha dejado en su comunidad. Tepuche ha vivido años difíciles y muchas familias han tenido que dejar sus hogares. Por eso, cuando sus niñas y niños piden paz, expresan una necesidad que los adultos y las autoridades no hemos conseguido garantizarles. No basta con aplaudir su mensaje: debe traducirse en seguridad y en la posibilidad de vivir y crecer en sus comunidades sin acostumbrarse a la violencia. Ese día, en Tepuche, los niños hicieron lo que los adultos tantas veces prometen: pedir que la violencia se detenga. Ojalá quienes pueden responder sepan escuchar. Ninguna niña ni ningún niño debería tener que subir a un escenario para pedir la paz que tendría que ser su derecho.