Columnas
Columna Institucional Sin Ambages Viernes 27
Por:
Redacción el
26 de marzo de 2026
GERUM: ayudar incomoda
Hay algo que no se puede perder de vista: GERUM Culiacán A.C. no es un adorno ni una improvisación. Es una institución que, durante meses, ha estado donde muchos no llegan. En balaceras, en traslados urgentes, en escenarios donde lo primero que importa no es el protocolo… es salvar vidas. Y ahí han estado. Por eso lo ocurrido hoy, no es menor. Que en medio de una emergencia, un mando de la SSPyTM Culiacán obstaculice la labor de un grupo de rescate, no solo es un error: es una señal preocupante. La prepotencia no sustituye la coordinación. Y el mando no se ejerce estorbando. Aquí hay que decirlo claro: no todos son iguales. Hay perfiles dentro de las corporaciones —militares y civiles— con preparación, criterio y vocación. Gente que ha entendido que la seguridad también se construye colaborando, no imponiendo. Pero también hay excepciones. Y esas excepciones, cuando fallan, pesan. Intentar descalificar a GERUM con argumentos de escritorio, como intenta hacerlo el Boy Scout de apellido Mendoza —que si no tienen tal acreditación, que si no están en tal sistema— eso es no entender la realidad de la calle. Porque mientras unos discuten formatos, otros están levantando heridos. Mientras unos señalan, otros llegan primero. Y eso se ve. Y se reconoce. Aquí no se trata de confrontar instituciones ni de golpear gobiernos por un hecho aislado. Se trata de poner las cosas en su lugar: lo bueno se respalda, lo malo se señala. Sin matices innecesarios. Porque si quienes están ayudando empiezan a ser tratados como estorbo, entonces el problema no es menor. Y en un estado como Sinaloa, donde la coordinación no es opcional sino urgente, dividir en lugar de sumar no solo es un error… es un riesgo.
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Tere, fuera de la cuenta
Hay errores… y luego está lo de la Jucopo. Porque salir a plantear que el famoso “Plan B” vendría a bajar a 15 el número de regidores en municipios como Culiacán no solo es impreciso: es llegar tarde a una película que en Sinaloa ya se estrenó hace años. Desde 2018 —con la reforma impulsada en tiempos de Quirino Ordaz— Culiacán, Ahome y Mazatlán ya operan con 12 regidores. Doce. No quince, no dieciocho. Doce. Es decir, no hay nada que “reducir”, salvo quizá la desinformación. El desliz no es menor. Porque quien coordina el Congreso no puede darse el lujo de desconocer la estructura básica de los cabildos del propio estado que legisla. Menos aún cuando el tema se coloca en el debate nacional como ejemplo de austeridad. Lo curioso es que primero se anuncia el ajuste… y después se corrige la realidad. Como si los números fueran flexibles y no datos duros. Al final, el “Plan B” no vino a cambiarle nada a Culiacán. Lo que sí dejó claro es otra cosa: que en el Congreso local, a veces, el problema no es cuántos regidores hay… sino quién está contando.
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El premio del “es lo que hay”
Hay decisiones que se explican solas. Y otras que, cuando se explican, empeoran. La entrega de la medalla “Norma Corona” terminó resumida en una frase que difícilmente resiste análisis: fue para quien cumplió… porque no había más. Así, sin matices. Sin filtro. Sin contexto. María Teresa Guerra Ochoa lo dijo tal cual: fue la única que cumplió los requisitos. Punto. Como si el mérito fuera un trámite. Como si el reconocimiento no implicara un estándar más alto que llenar un formato. Y ahí es donde el argumento se cae. Porque no se trata solo de legalidad. Se trata de criterio. De contexto. De entender que no todo lo que es posible… es conveniente. Y menos cuando alrededor hay señalamientos, denuncias y cuestionamientos que no son menores. Pero la respuesta institucional fue otra: cumplir con la convocatoria, cerrar el expediente y seguir. Sin embargo, el problema no es que haya sido la única inscrita. El problema es que, ante la falta de perfiles sólidos, el sistema decidió avanzar de todas formas. Como si declarar desierta la convocatoria fuera peor que entregar una medalla bajo cuestionamiento. Y no. A veces, no premiar también es una decisión institucional válida. Incluso más responsable. Porque cuando el estándar baja al punto de “es lo que hay”, entonces el reconocimiento pierde peso. Y lo que debía honrar una trayectoria termina pareciendo un trámite administrativo. Aquí no se juzga a la persona. Se cuestiona el criterio. Porque si el mensaje es que basta con ser el único en la fila… entonces la vara no está baja. Está en el suelo.
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La crisis que ya pegó
El empresariado no suele hablar así de claro… hasta que la realidad obliga. Los números que hoy se ponen sobre la mesa no son percepción, son evidencia: miles de delitos, empresas cerradas, empleos perdidos y una economía que empieza a resentir lo que la seguridad dejó de contener. No es un discurso político, es una alerta estructural. Porque cuando los empresarios dicen que sin seguridad no hay inversión, no están descubriendo nada nuevo. Están confirmando lo que ya está pasando. Y lo más delicado no es el diagnóstico. Es el silencio. Que propuestas entregadas no hayan sido atendidas, no es un tema menor. Es una desconexión. Porque mientras el sector productivo plantea soluciones —más policía, mejor sistema de justicia, incentivos económicos, coordinación real— la respuesta no puede ser la inercia. Aquí no hay espacio para minimizar. La crisis ya cruzó de la seguridad a la economía. Ya no es solo un problema de violencia: es un problema de desarrollo. Y cuando se pierden empleos, cuando se cierran negocios, cuando cae el turismo, lo que está en juego no es una estadística… es el rumbo. Y eso debería ser prioridad. Porque si no se corrige a tiempo, el costo no será solo económico. Será social. La pregunta ya no es si hay crisis. La pregunta es quién la está enfrentando… y quién sigue sin escuchar.
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