Cada 14 de febrero, millones de personas alrededor del mundo celebran el amor con flores, regalos y gestos románticos. Sin embargo, detrás de esta festividad llena de dulzura y creatividad se esconde una historia marcada por la tragedia, la fe y la resistencia frente al poder imperial.
El origen de San Valentín se remonta al siglo III de nuestra era, durante el gobierno del emperador romano Claudio II (214-270). Convencido de que los soldados solteros rendían mejor en el campo de batalla, el emperador prohibió los matrimonios entre jóvenes, argumentando que los vínculos familiares debilitaban el espíritu militar. Esta decisión formaba parte de una estrategia para fortalecer al ejército romano en un periodo de constantes conflictos y de creciente influencia del cristianismo.
La medida generó inconformidad entre la población, y uno de los opositores más firmes fue un sacerdote cristiano llamado Valentín. Desafiando el edicto imperial, Valentín comenzó a celebrar matrimonios en secreto entre jóvenes enamorados, muchos de ellos soldados romanos, defendiendo así el sacramento del matrimonio y el derecho de las parejas a unirse por amor.
Las acciones del sacerdote no pasaron desapercibidas. Al enterarse, Claudio II mandó llamar a Valentín a su palacio, donde inicialmente lo escuchó hablar sobre las bondades del cristianismo. No obstante, tras una serie de conflictos internos y presiones políticas, el emperador decidió encarcelarlo.
Durante su encierro, Valentín convivió con Asterio, su carcelero, quien en varias ocasiones se burló de su fe y lo puso a prueba. En una de ellas, le pidió que devolviera la vista a su hija, ciega de nacimiento. Según la tradición católica, Valentín logró realizar el milagro, lo que llevó a Asterio y a toda su familia a convertirse al cristianismo. Durante ese tiempo, el sacerdote también enseñó a leer a la joven.
Finalmente, Valentín fue condenado a muerte. De acuerdo con la Iglesia católica, el sacerdote fue lapidado y decapitado el 14 de febrero del año 270, convirtiéndose en mártir por defender el amor y el matrimonio cristiano.
El único San Valentín en México
En México, existe un lugar especial para conocer al Patrono de los Enamorados. La Parroquia de los Santos Cosme y Damián, ubicada en la colonia San Rafael de la Ciudad de México, es el único templo católico del país que cuenta con una imagen de San Valentín.
El recinto se encuentra en la calle Cerapio Rendón número 5 y puede ser visitado durante todo el año, aunque cobra especial relevancia cada 14 de febrero. La imagen del santo se localiza en el retablo, casi a la mitad del templo.
En la escultura, San Valentín sostiene en la mano izquierda un báculo, símbolo de su condición de obispo, y en la derecha una palma, que representa su martirio. A sus pies aparecen dos palomas, señal de que es el Patrono de los Enamorados, mientras que en la mitra se observan dos argollas matrimoniales.
Así, quienes deseen hacer una petición, agradecer o simplemente conocer la historia del santo del amor, pueden acudir a este templo con más de 400 años de historia. El acceso es sencillo, ya sea en transporte público —bajando en la estación San Cosme de la Línea 2 del Metro— o en automóvil.
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