Dentro del segmento poblacional que va de los 10 a los 14 años, las autolesiones mortales escalaron hasta situarse como el tercer factor principal de pérdida de vidas, acumulando 280 casos.
Un rasgo atípico de esta problemática es su prevalencia de género: las niñas y adolescentes registraron 159 decesos, superando a los 121 contabilizados en varones. Esta paradoja desafía la norma observada en otros tipos de defunciones violentas.
Por ejemplo, de los 651 fallecimientos por percances (primer lugar de mortalidad en esa edad), 449 correspondieron a niños y solo 202 a niñas. Igualmente, en los 165 decesos ocasionados por agresiones directas (quinto puesto), los varones encabezaron la lista con 108 víctimas frente a 57 mujeres. El segundo lugar general lo ocuparon las neoplasias malignas con 460 muertes.
Frente a este escenario, la organización civil insta a analizar la información con perspectiva de derechos humanos, urgiendo a las autoridades a segmentar las estadísticas por área geográfica, género y edad exacta.
Para el organismo, persisten interrogantes cruciales respecto al entorno geográfico de los hechos, el peso de la inequidad social, los niveles de impunidad y la efectividad de las intervenciones estatales destinadas a resguardar la supervivencia, el crecimiento pleno y la vida de los menores.
Se recalca que abordar la autodestrucción requiere superar enfoques preconcebidos de género, entendiendo que responde a detonantes complejos ligados al entorno familiar, conductas discriminatorias, violencia y salud emocional.
Las causas de mortandad exhiben una transformación drástica a medida que se avanza en las etapas del desarrollo:
• Primer año de vida: Se registraron 12,207 fallecimientos en total. La abrumadora mayoría provino de condiciones perinatales (6,278 casos, equivalentes al 51.4%) y anomalías congénitas (3,003 casos, que representan el 24.6%).
• Primera infancia (menores de 5 años): Cuadros curables como las afecciones respiratorias agudas cobraron 670 vidas, mientras que los padecimientos diarreicos agudos derivaron en 354 muertes. Nueve de cada diez cuadros diarreicos tuvieron origen infeccioso, afectando con mayor fuerza durante los primeros 12 meses. Para Tejiendo Redes Infancia, esto evidencia carencias en agua potable, infraestructura sanitaria y medicina preventiva, además de brechas territoriales en salud materna.
•Juventud y adolescencia (15 a 24 años): Las causas violentas y externas pasan a liderar de forma contundente. Los accidentes provocaron 6,242 muertes, las agresiónes físicas ocuparon el segundo peldaño con 5,392 decesos, y los suicidios se ubicaron en tercera posición con 2,153 casos.
En un plano general, el país registró 8,846 suicidios en 2025, concentrados primordialmente en la franja de los 15 a los 34 años. Asimismo, se reportaron 27,989 probables homicidios en el territorio nacional, perpetrados en un 70.8% mediante armas de fuego.
Esta última problemática constituye la causa número uno de decesos en varones de 25 a 34 años, perpetuando una severa crisis de violencia armada entre la población masculina joven.
Aunque los indicadores generales de mortalidad mostraron un descenso porcentual comparado con el año 2024, Tejiendo Redes Infancia puntualiza que un simple balance numérico a la baja no explica las causas de dicha reducción ni demuestra la eficacia de políticas públicas específicas.
La entidad enfatiza que la disminución de cifras no resuelve las brechas estructurales ni sustituye la evaluación rigurosa sobre los fallos institucionales y las desigualdades persistentes que alimentan las muertes prevenibles.