Columnas
Columna Institucional Sin Ambages Lunes 5
Por:
Redacción el
5 de octubre de 2026
Galería cara, cuentas pendientes
Al Congreso de Sinaloa le dio por vestir sus paredes de jaguares y maíces nativos. El detalle es que la decoración salió en más de 2.2 millones de pesos: 61 fotografías pagadas a Roberto Feliciano Véliz Rojo, identificado en la investigación como sobrino del actual secretario de Administración y Finanzas. Mucha identidad sinaloense en los muros; demasiadas preguntas en el expediente. En 2024, cada impresión de jaguar costó $40,020. El contrato dice que hubo propuestas de al menos tres proveedores; entonces, que publiquen las cotizaciones, las facturas y las actas de entrega. Si el precio se justificó, los documentos deberían sostenerlo. Si no, que expliquen quién decidió pagar así y con qué criterios. Y está la cláusula en la que el proveedor declara no tener vínculos familiares con personal del Congreso. Eso no prueba por sí solo que haya mentido: el parentesco señalado sería con un funcionario de otra dependencia. Pero sí exige una explicación clara sobre cómo se revisó el posible conflicto y cómo se garantizó una contratación imparcial. Llamar “patrimonio cultural” a las fotografías no cierra el caso ni convierte cualquier gasto en intocable. El patrimonio se cuida; el dinero público se comprueba. Porque en el Congreso podrán colgar jaguares y maíces en las paredes, pero las cuentas no se pueden dejar enmarcadas y fuera del alcance ciudadano.
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¿El Ejército en bicicleta?
Una cosa es que el Gobierno de la 4T haya decidido mantener y reforzar la presencia del Ejército en Sinaloa para contener al crimen organizado —de hecho, apenas el 15 de septiembre fueron enviados mil 600 elementos adicionales a Mazatlán— y otra muy distinta es terminar utilizando esa presencia militar como si se tratara de una policía turística. Porque eso es lo que provoca, cuando menos, la imagen de 50 soldados y elementos de la Guardia Nacional montados en bicicleta para patrullar el Centro Histórico y el Malecón de Mazatlán, como parte de un programa impulsado por el Ayuntamiento de Estrella Palacios, con una inversión de más de 457 mil pesos. La proximidad social puede ser necesaria, sí. Pero en un estado que lleva dos años enfrentando una profunda crisis de seguridad y con un municipio que acaba de recibir un importante refuerzo militar, la pregunta es si ésta era realmente la imagen que se necesitaba proyectar. No se trata de ridiculizar al Ejército, sino precisamente de lo contrario: de no convertir a una institución armada que está desplegada para enfrentar una crisis de seguridad en parte del paisaje turístico del Malecón. Y queda otra pregunta: ¿quién decide estas tareas y bajo qué criterios? Porque una cosa es coordinarse con las fuerzas federales y otra parece ser ponerlas a pedalear por la zona turística. Y, por lo visto, nadie en la cadena de mando tuvo objeciones. Es el tamaño del gobierno que tenemos en Sinaloa y en Mazatlán.
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‘Feliciano’ va por todo
La sonrisa incómoda y el “sin respuesta” de Graciela Domínguez ante la pregunta de si consultó con Rubén Rocha Moya los recientes cambios en su gabinete terminaron diciendo mucho más que cualquier explicación. Y es que, en política, hasta los silencios tienen lectura, sobre todo cuando se trata de una gobernadora que, se supone, tiene las riendas de la administración estatal. La pregunta de fondo no es si tenía que pedirle permiso a Rocha, sino quién está tomando realmente las decisiones en Palacio de Gobierno. Y ahí es donde aparece con insistencia el nombre de Feliciano Castro Meléndrez, a quien diversas fuentes colocan como el verdadero operador y hombre fuerte de esta administración. No despacha en Palacio pero nada se mueve ahí sin su consentimiento. Y despacha con rencor, ambiciones y cambiar secretarios puede ser una atribución de la gobernadora, pero gobernar implica mucho más que repartir nombramientos. Mientras la titular del Ejecutivo guarda silencio ante una pregunta que a juzgar por su reacción le resultó incómoda, en los pasillos políticos crecen las versiones sobre quién lleva realmente el timón. Feliciano Castro, según cuentan, no está satisfecho por el control del Gobierno del Estado: va por Morena, sus estructuras, la campaña del 2027 y, antes, la definición de candidaturas. La dupla Feliciano y Graciela no tienen en su historial un éxito político qué presumir por si solos. Qué puedan aportarle a Morena y a su proyecto desde el Gobierno. Esa es la interrogante.
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Jueves: Inscripción municipal
Con el cierre del registro para las coordinaciones federales, este jueves Morena abre otra etapa de su proceso interno: la inscripción para las coordinaciones municipales y distritales locales. No son todavía las candidaturas de 2027, pero sí el siguiente examen de fuerza para quienes aspiran a gobernar los municipios: quién tiene territorio, estructura y respaldo para llegar mejor posicionado a la encuesta. En Culiacán ya hay varios nombres sobre la mesa. Tere Guerra y Merary Villegas confirmaron que buscarán registrarse; Jesús Ibarra ha dicho que considera la ruta municipal, y Omar López Campos también ha sido mencionado entre los perfiles que podrían competir. No todos han formalizado la misma decisión: la convocatoria dirá quién convierte su interés en inscripción. Por separado está Ricardo Madrid. No es morenista, sino dirigente del Partido Verde, y ha dejado abierta la posibilidad de buscar la coordinación por Culiacán. En la definición estatal, los perfiles del Verde y del PT no fueron incluidos en la encuesta de Morena; después, ambos partidos se sumaron al acuerdo que respaldó a Imelda Castro. Ahora, si la alianza pretende competir unida, lo mínimo esperable es que aclare cómo participarán sus aliados y si sus perfiles serán considerados en una medición común. La convocatoria abrirá el registro; las reglas dirán qué tan pareja será la contienda.
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