Columnas
Columna Institucional Sin Ambages Lunes 7
“Cuando el poder se vuelve ambición y la violencia costumbre, la sociedad termina pagando las consecuencias”
Por:
Redacción el
6 de septiembre de 2026
“La Jefa” o la “Mini Gober”
Hay quienes llegan al poder por las urnas, otros por nombramiento y algunos pasan tanto tiempo alrededor de él que terminan convencidos de que también les pertenece. Cynthia Gutiérrez parece haber elegido la tercera vía. Su historia en el gobierno de Rubén Rocha tiene de todo: salidas, regresos, prepotencias, desencuentros y reapariciones. Cuando Rocha pidió licencia el 1 de mayo, ella también salió del primer círculo. Con Yeraldine Bonilla duro 10-12 días a lo mucho la luna de miel. Las versiones internas hablan de desencuentros constantes hasta que Cynthia terminó fuera del despacho. Fuera del despacho, aclaremos. Porque fuera de la nómina, jamás, despedida por Yeraldine se fue, pero siguió cobrando (tenemos prueba de eso). Pero cuando el Gobernador Rocha regresó el 21 de agosto, Cynthia volvió con él. El regreso duró apenas 34 horas y Rocha se fue otra vez. Pero Cynthia, no. Tal vez concluyó que tanta entrada y salida era innecesaria y decidió ahorrarse el siguiente viaje. Con Graciela Domínguez en la gubernatura se esperaba también la llegada de un nuevo equipo. Sin embargo, buena parte de la estructura anterior permaneció instalada. Y dentro de ella, cuentan en Palacio, Cynthia no solamente se quedó: manda, mueve personal, acomoda oficinas y gira instrucciones con una seguridad que hace pensar que el nombramiento es apenas un detalle administrativo. Incluso se habla de movimientos de personal decididos directamente por ella. Total, si nadie pregunta por las facultades, ¿para qué enseñarlas? Quienes conocen la vida interna de Palacio aseguran que la prepotencia y altanería que durante años le atribuyeron regresaron fortalecidas. Hay quienes incluso sostienen que hoy se siente con más poder que cuando estaba Rocha. Y eso, hay que aplaudirlo, porque requiere talento. La nueva gobernadora, Graciela Domínguez, es prudente, mesurada y poco afecta a la confrontación. Quizá por eso ha preferido administrar esa presencia. Pero una cosa es evitar pleitos y otra permitir que alguien confunda cercanía con autoridad. Porque mientras una gobernadora tiene nombramiento, responsabilidad y obligación de rendir cuentas, la otra parece haber encontrado una fórmula bastante más cómoda: mandar sin rendir protesta. Sinaloa tiene hoy gobernadora. Aunque por lo que cuentan desde Palacio, también existe un cargo que todavía no aparece en el organigrama: Cynthia Gutiérrez, la mini gobernadora. Sin nombramiento, pero con actitud proponte de un gabinete completo.
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Estrellita, ¿dónde vas?
Estrella Palacios volvió a la Alcaldía de Mazatlán tan rápido como salió de ella. El viernes comunicó su reincorporación y el sábado ya estaba nuevamente despachando, después de pasar 72 días recorriendo Sinaloa en busca de la coordinación estatal de la 4T. No la consiguió. Morena eligió a Imelda Castro y entonces Estrella recordó que había dejado un Ayuntamiento encargado. Antes de regresar pidió permiso a la dirigencia nacional de Morena. Recibió el visto bueno y volvió, exactamente como lo adelantamos aquí. La autonomía municipal podía esperar; primero había que preguntar arriba si le permitían regresar al cargo para el cual fue elegida. Y no llegó precisamente de puntitas. Una de sus primeras decisiones fue cambiar al secretario de Seguridad Pública y al director operativo, en medio de la crisis de violencia que enfrenta el puerto. La pregunta no es cuánto permanecerá, sino cuál será su siguiente parada. ¿Quince días? ¿Veinte? No sería extraño que pronto vuelva a solicitar licencia para buscar una coordinación distrital, una diputación federal o intentar repetir en la Alcaldía. Estrella parece haber convertido el servicio público en aquel juego de las sillas: mientras siga sonando la música de Morena, lo importante es no quedarse de pie. Tampoco sabemos quién diseña semejante estrategia política, aunque todo parece indicar que las recomendaciones son de su círculo familiar. Quizá alguien debería explicarle algo elemental: gobernar no consiste en brincar de candidatura en candidatura ni utilizar la Presidencia Municipal como sala de espera. Mazatlán no es guardarropa político donde se deja el cargo mientras se prueba uno más grande y se recoge cuando la nueva talla no quedó. Lo extraordinario sería verla permanecer, gobernar y ofrecer resultados. Porque hasta ahora su mayor constancia no parece estar en resolver los problemas del puerto, sino en asegurarse de que, donde termine la próxima encuesta, siempre exista una nómina pública esperándola. Estrellita, Estrellita… ya sabemos dónde estás. Lo que todavía no sabemos es cuánto tardarás en volverte a ir.
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Hasta que nos toque
Algo profundamente mal ocurre cuando la muerte deja de estremecernos. Cuando un asesinato se convierte en una cifra más, una balacera en otro video y el dolor ajeno en una publicación que olvidamos al deslizar la pantalla. El viernes fueron asesinados David Guadalupe Ramírez González, síndico de Tepuche, y su hermano Manuel Enrique. Quienes los conocieron aseguran que eran personas nobles, interesadas en ayudar a su comunidad. La gente lo dice y lo grita: no merecían morir. Pero los grupos criminales enfrentados parecen haber decidido que en esa zona no quieren autoridad ni organización comunitaria. Ya habían asesinado al anterior síndico; ahora mataron a quien tuvo el valor de ocupar el cargo. Un día después, la barbarie alcanzó a Juan Alejandro, un bebé de apenas un año y cuatro meses. Un grupo armado llegó a Prados del Sur para asesinar a un rival. Hubo disparos y nada más importó: ni las familias presentes ni el pequeño, quien recibió un balazo en la cabeza y murió en un hospital. El objetivo era matar. Los demás eran, para ellos, simples obstáculos. Y nosotros seguimos aprendiendo a convivir con el horror. Todos tenemos hijos, hermanos, padres o nietos, pero demasiadas veces volteamos hacia otro lado mientras la víctima pertenezca a otra familia. Hasta que un día toca la nuestra. Entonces preguntamos dónde estaba la autoridad y cómo permitimos llegar hasta aquí. Pero David Guadalupe, Manuel Enrique y Juan Alejandro no eran estadísticas ni “daños colaterales”. Eran seres humanos, eran la familia de alguien y también eran parte de la nuestra.
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Hipócritas todos
Si hubo una sensación colectiva este fin de semana, fue de un grave y triste vacío de poder, entre autoridades legalmente constituidas que nada más parecen estar de ornato ante la barbarie criminal que lo mismo alcanzó a un bebé en las puertas de su casa que a una trabajadora de una frutería en Mazatlán, o bien, de quienes andan buscando colocarse en la placa electoral del 2027. La diferencia es que a ellos los protege el Gobierno con policías y armas. La gente en la calle está “a la buena de Dios”. La sensación de soledad en que está la ciudadanía es tal que ni siquiera la sociedad misma se volcó en indignación mientras que los partidos políticos asumen posturas tan hipócritas como convenencieras según el sitio donde están. Morena, que está en el poder, hace mutis y prefiere callar ante la falta de resultados de sus gobiernos; el PRI y el PAN, desde la oposición gritan, reniegan y protestan, pero no crea que porque sufren dolor, no. Actúan como buitres ante la desgracia de la gente para llevar agua a su molino. No hay que olvidar que ya estuvieron en el Gobierno y, quieran o no, son corresponsables de lo que hoy se vive. Es urgente que la sociedad despierte, se manifieste, abra los ojos y no pierda de la capacidad de asombro, pues el dia en que normalicemos el crimen de niños y personas inocentes habremos de perder la sola posibilidad de tener un mejor futuro.
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