La estructura gubernamental de la FIFA atraviesa una severa marejada política. La intención del organismo internacional de dar acceso a capitales privados en la gestión comercial de sus principales torneos desencadenó la dimisión inmediata de Carlos Cordeiro, una de las figuras estratégicas de mayor relieve dentro del entorno cercano al presidente Gianni Infantino.
La salida del dirigente, quien ocupaba el cargo de asesor principal para Estrategia y Gobernanza Global desde septiembre de 2021, expone una fractura sin precedentes en la conducción del fútbol mundial, enmarcada en una creciente tensión institucional con confederaciones continentales como la UEFA y la Concacaf.
El desencadenante de la ruptura radica en el proyecto denominado FIFA Forward Enterprise (FFE), una entidad concebida para comercializar los derechos de los torneos organizados por la institución madre a cambio de captar capitales privados por una suma estimada en 4.200 millones de dólares.
Según proyecciones de la firma bancaria J.P. Morgan, la valoración global de esta estructura alcanzaría los 20.000 millones de dólares, lo que permitiría elevar de manera inmediata las partidas financieras que la FIFA transfiere a cada una de sus federaciones miembro de 8 a 20 millones de dólares.
Sin embargo, la propuesta exige comprometer una participación permanente en los activos comerciales más valiosos del organismo, encabezados por la Copa del Mundo.
En una carta abierta que acompañó su dimisión, Cordeiro fundó su rechazo en la solidez de los balances actuales del órgano rector del fútbol global. Con una extensa trayectoria de más de tres décadas en la banca de inversión y experiencia en la administración deportiva como expresidente de la Federación de Fútbol de Estados Unidos (USSF), el exasesor remarcó que la entidad no registra deudas, posee miles de millones en reservas estratégicas y ha generado cerca de 15.000 millones de dólares en ingresos durante el ciclo comercial 2022-2026.
A su juicio, desprenderse de una tajada patrimonial del certamen orbital para conseguir liquides no encuentra justificación económica y equivale a comprometer la autonomía financiera futura del deporte sin las debidas garantías de control.
El desacuerdo de Cordeiro trasciende lo financiero y apunta de lleno a los estándares de gobernanza y transparencia del proceso de decisión. Entre los cuestionamientos más duros planteados por el exdirigente destaca la premura con la que se pretende ratificar la iniciativa, otorgando a las federaciones nacionales un plazo de apenas 50 días para evaluar y votar un cambio estructural de esta magnitud.
Asimismo, puso de manifiesto la ausencia de explicaciones claras en relación con la existencia de un proceso licitatorio competitivo, los mecanismos de supervisión institucional y la naturaleza de las prerrogativas que adquirirían los inversores privados dentro de la toma de decisiones del fútbol global.
La dimisión de Cordeiro añade presión a un escenario diplomático convulso. La UEFA ya ha manifestado su rotunda oposición a la creación de la
FIFA Forward Enterprise al punto de amenazar con apartar a sus selecciones de las competiciones oficiales organizadas por la casa matriz, una posición de rechazo a la que se ha sumado formalmente la Concacaf.
Pese a la marejada de críticas y al retiro de figuras clave en su equipo de trabajo, la conducción de la FIFA mantiene firme su hoja de ruta y reitera su intención de someter a votación la iniciativa, en la antesala del ciclo electoral de 2027 en el que Infantino proyecta buscar un nuevo mandato.
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Con información de Infobae