“La lealtad” del Trébol
Gerardo Vargas Landeros volvió a encontrar una puerta cerrada en Morena, pero eso no parece haberlo convencido de dejar de tocar. Después de quedar detrás de Imelda Castro en los resultados publicados de la encuesta para la Coordinación Estatal de la Defensa de la Transformación, ahora habría buscado espacio en el proceso federal por el distrito 02, que comprende Ahome. Según información confirmada por una fuente al interior del Comité Nacional de Morena, su registro no fue aceptado por Ariadna Montiel y Citlalli Hernández. El motivo no está claro; lo que sí queda a la vista es que Vargas vuelve a moverse cuando el camino que esperaba no se abre. Y ahí está el problema: hay políticos que entienden la competencia interna como una oportunidad para sumar y otros que, cuando no consiguen lo que buscan, convierten el desacuerdo en amenaza, fractura y factura para el partido. Vargas tiene experiencia para leer el tablero, acercarse a los grupos y convencer a quienes necesita. Esa habilidad puede servir para construir acuerdos, pero también para engatusar, ganar tiempo y mantener abiertas varias salidas mientras decide dónde obtiene más. Su trayectoria política también muestra esos cambios de ruta: fue priista, respaldó a Malova cuando llegó al poder con una alianza encabezada por el PAN y después encontró espacio en Morena. Si ahora busca cobijo en el Partido Verde, a ese recorrido solo le faltaría Movimiento Ciudadano. No sabemos si ahí le abrirán la puerta, pero tampoco conviene subestimar su capacidad para negociar otro espacio. Si da ese paso, difícilmente podrá presentarlo como un movimiento inocuo: sería una señal de que, cuando Morena no le concede lo que pretende, está dispuesto a buscar desde otra trinchera cómo hacerle daño al mismo movimiento que todavía dice representar. El Trébol puede cambiar de jardín; lo que no cambia es la factura que dejan quienes ponen sus ambiciones por encima de todo: ayer lo llamaban unidad; mañana quizá lo llamen “proyecto” a la conveniencia.
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¿Periodistas al Gabinete?
En medio de los cambios que está viviendo el gobierno de Graciela Domínguez, hay dos perfiles de periodistas, profesionales y apreciados en el gremio, que están sonando fuerte para incorporarse a la administración. Ambos, por cierto, nada desconocidos en el círculo de la gobernadora. El primero es Maraly Franco, con amplia experiencia en medios radiofónicos como titular de noticieros y quien justamente fue jefa de prensa en la Secretaría de Educación Pública y Cultura cuando Graciela Domínguez estuvo al frente de esa dependencia, en el periodo 2021-2024. Maraly estaría asumiendo en cualquier momento la Coordinación de Comunicación Social, un área estratégica en el quehacer de la administración estatal. Otro nombre que no debe perderse de vista es el de José Alfredo Beltrán Estrada, quien ayer se despidió en sus redes sociales, agradeciendo la oportunidad de haber sido comisionado de la Comisión Estatal de Acceso a la Información Pública, cargo que desempeñó durante siete años con responsabilidad y seriedad, en una labor que prestigió al organismo. Y aquí vale la pena recordar un detalle: Beltrán Estrada fue designado comisionado de la CEAIP en 2019, cuando Graciela Domínguez era presidenta de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado. Fue electo por unanimidad de los 40 legisladores. No lo descarte en la Secretaría de Transparencia y Rendición de Cuentas, donde hay mucha tarea por hacer para aterrizar las reformas en materia de transparencia, un terreno que el excolaborador de Noroeste conoce al dedillo. Así que no pierda de vista a ambos colegas. Sus nombres están sobre la mesa y podrían convertirse en piezas importantes en esta nueva etapa del gobierno de Graciela Domínguez.
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La caballada sigue flaca
El PAN ya puso sobre la mesa dos llamados que describen el tamaño del reto opositor rumbo a 2027: encontrar un perfil capaz de competirle a Morena y convencer a Movimiento Ciudadano de sumarse a una alianza. La postura de Wendy Barajas tiene una dosis de pragmatismo que merece reconocerse: si el objetivo es construir una candidatura competitiva, el nombre y el partido deberían quedar después de las posibilidades reales de ganar. Pero también hay una lectura inevitable: a estas alturas, la oposición todavía no muestra una figura que ordene la conversación por sí sola. Hablar de “llevar a los mejores” y pedir que todos se unan suena sensato, aunque exhibe que la caballada sigue flaca o debilitada. El PAN dice que evalúa sus perfiles; el PRI ya menciona posibles cartas y MC prefiere ir solo. Ninguna de esas piezas, hasta ahora, parece suficiente por separado. Barajas acierta al llamar a la unidad y a mirar las condiciones de Sinaloa. El desafío será convertir ese discurso en acuerdos, propuestas y un perfil que entusiasme. Porque para dar batalla no basta con reunir partidos: también hay que convencer a los ciudadanos de que existe una alternativa capaz de gobernar.
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La niñez no se disputa
Los ecos del desplazamiento de niñas de escuelas de jazz de la Concha Acústica de Culiacán para dar paso a un evento político siguen generando reacciones. Ahora son las propias academias involucradas las que fijan postura y piden algo que debería ser elemental: respeto para las niñas y que no las coloquen en medio de conflictos ajenos a su formación. En un comunicado, Jazz Dance Alturas del Sur, Jazz Dances Caimanero y Fiuree Star Dance dejaron claro que su labor es formar artistas, no participar en disputas políticas ni alimentar confrontaciones. También hicieron un llamado a evitar la exposición innecesaria de las menores y cualquier señalamiento que vulnere su privacidad o sus derechos. Y es aquí donde el asunto adquiere otra dimensión: más allá de quién tenía un permiso o de quién puede justificar el uso del espacio, las niñas merecen respeto y condiciones para desarrollar su actividad artística sin convertirse en protagonistas involuntarias de una controversia política. Porque cuando la disputa por un espacio público termina colocando a menores de edad en medio del conflicto, las prioridades se trastocan. Ningún evento político, aspiración electoral o diferencia entre adultos debería estar por encima del bienestar de la niñez. Las niñas no tienen por qué pagar los costos de las decisiones de los mayores. Por cierto, el Ayuntamiento ha entrado en pláticas con las instituciones y ofreció el MIA, para cuando así lo decidan, hacer el festival.