Columnas
Columna Institucional Sin Ambages Viernes 16
“Mientras unos presumen respaldos y ocupan espacios, Mazatlán sigue esperando respuestas”
Por:
Redacción el
16 de octubre de 2026
Las llaves de Finanzas
Los cambios en el Gobierno estatal no se detienen. Ahora el reacomodo alcanza una de las áreas más sensibles: Finanzas. Se va el tesorero y salen también las titulares de Bienes e Inventarios y de Recursos Humanos, además del director de Servicios Generales. No es un ajuste menor: esas oficinas administran pagos, personal, patrimonio y servicios para toda la estructura estatal. La pregunta es quién ocupará esos espacios y con qué criterio. Porque en la nueva estructura ya aparecen perfiles vinculados al círculo político de Feliciano Castro. Refugio Álvarez Montaño, nombrado subsecretario de Administración, fue director administrativo del Congreso entre 2018 y 2024, durante las legislaturas en las que Castro encabezó la JUCOPO. Y Wilfredo Véliz Figueroa, nuevo secretario de Administración y Finanzas, compartió con Castro un respaldo público a Graciela Domínguez. Así, la llegada del felicianismo al Gobierno deja de ser solo una lectura de los cambios en el gabinete: también se refleja en quiénes van ocupando posiciones administrativas. La gobernadora tiene la facultad de nombrar a su equipo; la ciudadanía, por su parte, puede preguntar si esta renovación busca mejorar el funcionamiento del Gobierno o consolidar un grupo político dentro de él. Finanzas no es un espacio cualquiera: ahí están la nómina, las compras, los inventarios y la operación cotidiana. Cuando se mueven tantas piezas al mismo tiempo, la pregunta es inevitable: ¿quién tendrá ahora las llaves de la administración estatal y qué resultados ofrecerá?
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Poco poder y grandes desplantes
Los cambios en Palacio de Gobierno están teniendo efectos colaterales: en algunas áreas, hay quienes interpretan la llegada de nuevos titulares como patente de corso para hacer y deshacer, aunque parece que lo segundo se les da mejor. En la Secretaría de Obras Públicas, por ejemplo, se señala a Marcela Renault, empleada sin siquiera un cargo de jefatura, pero a quien se atribuye una influencia considerable sobre el nuevo secretario, José Manuel Acosta. Según versiones que circulan, esa cercanía le habría permitido asumir atribuciones que no le corresponden y tratar con altanería y humillación al personal. El problema no es la cercanía con el jefe, sino confundirla con autoridad y convertirla en licencia para el desplante. Y, por lo que se comenta, el fenómeno amenaza con extenderse a otras dependencias, donde algunos parecen haber descubierto que no hace falta un nombramiento para sentirse dueños del changarro. Cuando el poder se ejerce por amiguismo y no por responsabilidad, la burocracia deja de servir y comienza a padecer.
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Marito y sus morenistas fantasma
Luego de que el diputado federal, Marito Zamora se empeñara en vender la idea de que su proyecto rumbo a 2027 ya seduce hasta a militantes de Morena con cargo público, se le exhibió como un mitómano que no tiene límites. El problema es que, hasta ahora, los presuntos desertores no tienen nombre ni apellido. Edgar Barraza, dirigente morenista en Sinaloa, despachó la versión como “puros mitotes” y aseguró que sus compañeros se mantienen bajo los principios del partido. Marito busca proyectar músculo y sembrar la impresión de que la casa guinda tiene grietas, pero sin exhibir a uno solo de esos supuestos aliados, su declaración se parece más a una estrategia de posicionamiento que a una operación política comprobable. En la política, los rumores también se usan como propaganda: sirven para aparentar respaldos, incomodar al adversario y cotizarse antes de tiempo. Por ahora, Zamora presume apoyos sin rostro; mucho ruido para una desbandada que nadie ha podido ponerle nombre.
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Mazatlán no da tregua
Culiacán parece bajar presión en algunos indicadores, pero eso no significa que Sinaloa haya recuperado la calma. La violencia se está concentrando con más fuerza en Mazatlán: el penal de El Castillo dejó 12 muertos en dos hechos ocurridos con menos de 24 horas de diferencia y, este jueves, un ataque en Villa Unión dejó un hombre muerto y una mujer herida. La pregunta ya no es solo qué pasó, sino qué sigue para Mazatlán. Cuando una disputa criminal deja de contenerse en las calles y alcanza también a un penal, la señal es de una crisis que no se resuelve con más patrullas ni con comunicados. Hay que recuperar el control, investigar cómo entraron las armas y proteger a quienes viven y trabajan en el puerto. Culiacán puede despresurizarse, pero la seguridad no se mide por turnos ni por municipios. Si el fuego se mueve al sur, sigue siendo el mismo incendio. Mazatlán no puede convertirse en la nueva normalidad de Sinaloa: el puerto necesita respuestas antes de que la violencia vuelva a marcar la agenda.
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