Alianza creada para perder
La foto de PAN, PRI y PAS durante el aniversario panista busca proyectar unidad rumbo a 2027. Pero una fotografía no hace una alianza, mucho menos una alianza competitiva. Hasta ahora no existe una coalición formal. Hay acercamientos y discursos, pero no un acuerdo sobre proyecto, método, candidaturas ni responsabilidades. Y ese es el problema: la oposición parece más concentrada en reunir siglas que en explicar qué propone para enfrentar la inseguridad, la crisis económica, el campo y la falta de certidumbre que vive Sinaloa. La inscripción de Paola Gárate, diputada del PRI, en la plataforma del PAN para aspirar a la gubernatura dejó al descubierto las diferencias. Ella lo presentó como una señal aliancista, pero su propio partido consideró que mandaba un mensaje equivocado. Roxana Rubio, por su parte, también busca encabezar la candidatura y ha insistido en que deben medirse los perfiles. No hay nada malo en las aspiraciones. Lo que no puede ocurrir es que pretendan vender unidad cuando no han resuelto lo básico: quién conduce, bajo qué reglas y para qué se unirían. El PAS también deberá demostrar qué aporta más allá de su registro y de la fuerza que alguna vez tuvo alrededor de la universidad. Una alianza requiere estructura, votos y representación social, no solo presencia en la foto. La oposición tiene derecho a construir un frente, pero debe hacerlo con un proyecto serio y una candidatura competitiva. Si nace dividida, sin reglas claras y con intereses por encima de Sinaloa, no será una alianza para ganar: será una alianza para perder.
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Más violencia… más soldados
Ante una violencia que llegó a Mazatlán con más ánimo y ganas de quedarse que un turista en temporada alta, el gobierno respondió de manera bastante predecible: más soldados. Mil 600 elementos del Ejército, incluidos 100 integrantes de Fuerzas Especiales, serán desplegados en el puerto para reforzar la seguridad. Y hay que reconocer que la presencia militar puede contener, disuadir y enfrentar a grupos criminales. Las propias cifras de la Defensa hablan de más de mil detenidos, dos mil armas aseguradas, casi 48 toneladas de droga decomisadas y cientos de laboratorios inhabilitados durante este año. El problema es que, mientras se cuentan detenidos, armas y toneladas de droga, la violencia sigue contando sus propias víctimas. Y ahí está el verdadero dilema: si para cada nueva escalada delictiva la respuesta termina siendo mandar más soldados, entonces la pregunta ya no es cuántos militares faltan, sino qué está fallando para que, después de dos años de narcoguerra, todavía tengamos que seguir aumentando el contingente. Porque una cosa es contener la violencia y otra muy distinta es acabar con ella. La vox populi tiene claro que el Ejército ayuda, sí; pero hasta ahora no ha sido la fórmula para ponerle punto final a una guerra que, como algunos turistas, parece haber encontrado en Mazatlán y en Sinaloa un destino de larga estancia.
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Mazatlán: cuentas pendientes
Las observaciones de la Auditoría Superior del Estado sobre el Ayuntamiento de Mazatlán exhiben dos problemas que no admiten evasivas: recursos públicos que no se cobran y bienes pagados que no cumplen su función. En el caso del Nuevo Acuario, la ASE observó 9 millones 62 mil pesos que ya eran exigibles a Drakkar Aquariums y sobre los cuales el Municipio no acreditó acciones posteriores de cobro. No es el total del adeudo reconocido, de 47.8 millones, ni los más de 28 millones aún no vencidos conforme al calendario; es dinero que ya debió recuperarse. También queda la obligación de explicar por qué se condonaron más de 20.5 millones de pesos en intereses moratorios. Podrá haber razones contractuales o de negociación, pero deben estar documentadas y demostrar que se protegió el interés de Mazatlán. El dinero municipal no es una concesión discrecional: debe regresar en servicios, obras y atención para la gente. La Auditoría no encontró faltantes en el 4 por ciento de los ingresos de taquilla del Acuario. Ese dato es importante. Pero no elimina la obligación de cobrar el saldo vencido ni de aclarar la falta de evidencia sobre la póliza de fianza que podía activarse ante el atraso de rentas. El segundo caso es más visible: un camión recolector Freightliner modelo 2025, comprado por 3.6 millones de pesos, dejó de operar en abril y permanece en un taller particular. Mientras las colonias demandan mejor recolección de basura, una unidad prácticamente nueva está fuera de servicio. No hay sanciones definitivas todavía; son observaciones que deberán aclararse e investigarse. Pero las preguntas son obligadas: ¿qué se ha hecho para cobrar al Acuario?, ¿dónde está la fianza?, ¿por qué falló tan pronto el camión y cuándo volverá a servir? Auditar no basta. Hay que cobrar, cuidar lo que se compra y rendir cuentas.
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Los cambios que no llegan
En una semana, Graciela Domínguez Nava cumplirá su primer mes como gobernadora interina de Sinaloa. Desde que rindió protesta ante el Congreso, comenzaron a circular versiones sobre posibles cambios importantes en el Gabinete, ajustes en áreas estratégicas. Sin embargo, hasta ahora, los relevos anunciados en los corrillos políticos no se han concretado y los funcionarios continúan en sus responsabilidades. Hay quienes consideran que Graciela Domínguez necesita mover algunas piezas para enviar una señal clara de que su llegada representa una conducción propia, con prioridades definidas y capacidad de respuesta frente a los retos que enfrenta Sinaloa. No se trata necesariamente de cambiar por cambiar, ni de desconocer el trabajo de quienes hoy integran el gobierno, sino de revisar resultados, corregir inercias y asegurar que cada área esté a la altura del momento que vive el estado. También existen voces que advierten que los acuerdos políticos y la propia naturaleza del interinato podrían acotar el margen de maniobra de la gobernadora. Pero el cargo exige conducción, decisiones y responsabilidad. Se habla de posibles ajustes en el círculo más cercano: la Secretaría General de Gobierno, Obras Públicas, la Secretaría Particular, la Jefatura de Oficina y la Secretaria de Transparencia y Rendición de Cuentas aparecen entre las áreas donde se han mencionado eventuales movimientos. El tiempo empieza a contar. Graciela Domínguez tiene la oportunidad de consolidar un equipo que responda a su visión y dé resultados, sin estridencias pero con claridad. La pregunta ya no es si habrá cambios, sino cuándo llegarán y qué mensaje enviarán sobre el rumbo que quiere imprimirle a Sinaloa.