Más visitas, la misma incertidumbre
Ciertamente es importante que los titulares de Defensa, Marina y Seguridad estén en territorio, más en Sinaloa, que acumula poco más de dos años de guerra entre grupos del crimen organizado. Esta semana, los mandos federales supervisarán los despliegues de seguridad, revisarán las necesidades de las corporaciones policiales de Culiacán y Mazatlán, el funcionamiento del C4 y hasta el terreno para construir un nuevo penal. La agenda es amplia, pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿cuándo se traducirá tanta presencia en resultados? Porque, hasta ahora, las visitas no han conseguido que la población vea la luz al final del túnel y, por el contrario, cada nueva incursión de los mandos parece coincidir con demostraciones de fuerza de los grupos criminales, como si quisieran dejar claro quién manda en su territorio. Ojalá esta pesadilla termine pronto. Sinaloa no necesita solamente supervisiones y despliegues, sino recuperar la tranquilidad y comenzar a sanar la estela de dolor, pérdidas económicas y daños sociales que esta guerra ha dejado.
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Mazatlán: una advertencia
Hace unos días hablábamos de la narcopolítica y de cómo la sombra del crimen organizado no distingue colores partidistas. Lo ocurrido en Mazatlán vuelve a colocar esa discusión frente a nosotros. Que restos humanos aparezcan en el Palacio Municipal no es un hecho menor ni puede despacharse como una nota roja más. Es una imagen de violencia que alcanza el corazón del poder local y deja preguntas inevitables sobre la seguridad, la capacidad de respuesta de las autoridades y el deterioro de las instituciones. Y aunque no haga falta repetir lo escrito en la cartulina, lo que ha trascendido sobre su destinatario y el motivo de la advertencia hace pensar que no fue un mensaje lanzado al azar. La alusión apunta al entorno cercano del poder municipal y a un conflicto concreto. Eso vuelve todavía más urgente que se investigue y se aclare públicamente qué hay detrás. No se trata de convertir rumores en acusaciones ni de señalar culpables antes de una investigación. Se trata de exigir que se esclarezca todo: quiénes fueron, qué buscaban y qué condiciones permitieron que un acto así ocurriera en una sede pública. Cuando la violencia manda señales y el poder responde sólo con condenas, la ciudadanía tiene derecho a preguntarse quién gobierna realmente y a quién sirve el silencio. En México, ningún partido puede proclamarse ajeno a este problema. La responsabilidad política empieza por dejar de mirar hacia otro lado y dar respuestas verificables. Mazatlán merece algo más que comunicados: merece seguridad, instituciones firmes y una investigación que llegue hasta sus últimas consecuencias.
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Se acabaron los adelantados
La visita oficial de Imelda Castro al Congreso del estado tuvo una explicación muy concreta: organizar 760 asambleas informativas en Sinaloa, del 29 de octubre al 15 de diciembre, y repartir tareas entre diputados de Morena y sus aliados. Ella misma lo resumió con una frase: fue a “darles más trabajo”. Pero, en los pasillos, la reunión tuvo otro tono. Nos cuentan que la coordinadora también les habría puesto un alto a los diputados de Morena: pónganse a trabajar, porque todavía no hay nada para nadie. Antes de pensar en candidaturas, hay que ganar la encuesta. El mensaje tiene destinatarios claros. En Morena ya hay quienes se mueven, se apuntan y empiezan a mirar el próximo cargo como si estuviera apartado. Imelda, al menos en esa reunión, habría recordado que la promoción personal no sustituye el trabajo político ni garantiza una candidatura. En público, la agenda fue territorial: organizar asambleas, cubrir secciones y acercarse a la gente. En corto, el recordatorio habría sido más directo: primero trabajar; después, medirse en la encuesta. Y hasta que esa encuesta hable, nadie tiene nada en la bolsa. La visita oficial contó una historia de organización. La extraoficial, una advertencia para quienes ya se sienten en campaña: en Morena, todavía no hay candidaturas repartidas.
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Municipios en apuros
Nos cuentan que ya empezó el sudor frío entre varias y varios alcaldes de Sinaloa, que ven diciembre a la vuelta de la esquina y las arcas municipales más secas que un limón de elotero. El problema no es menor porque se acerca la hora de pagar el sagrado aguinaldo de sus trabajadores y, por lo visto, las cuentas nomás no salen. Para colmo, la vieja costumbre de estirar la mano hacia «papá Gobierno» podría no funcionar esta vez, pues todo indica que ahora «mamá Gobierno del Estado» tampoco anda precisamente con la chequera suelta. Y es que ya se está dejando en claro que dinero, no hay. Así que a los alcaldes gastalones se les acabó el recreo: toca pagar la fiesta y, al parecer, no dejaron ni para la cuenta de fin de año. Lo malo es que la indisciplina financiera no se queda en un berrinche de oficina; la terminan pagando los trabajadores y los ciudadanos. Y si así andan a estas alturas, imagínese las cuentas que van a entregar cuando se les acabe el trienio… y también el pretexto.